La Audiencia Nacional cita al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero como investigado por delitos de tráfico de influencias y blanqueo.
Puede que sea, porque es mejor levantar un poco ahora la alfombra (control de daños) que dejar que la cosa avance. Puede, que por eso Interior desmantelara la unidad de la guardia civil que investigaba el caso Plus Ultra y la UDEF sea la única con la cuchara metida en el plato. O puede que haya cantado el pollo (Carbajal) o puede que, entre todo el entramado de Saab, se encuentre mezclado el ex presidente… De momento no se sabe. Una cosa si es cierta y es el olor a podrido que todo esto desprende. Como mínimo, hay que airear un poco la ropa sucia y si la cosa se pone muy tensa, lavarla.
Estamos en la fase de “aireo.” Si con eso basta, tendremos un procedimiento largo, larguísimo. De vez en cuando saldrá una noticia relacionada que será tapada por el escándalo o la polémica diaria y así pasarán años.
Exactamente lo mismo que con “El poc honoraple.” Han pasado muchos años y él sigue en su casa, disfrutando del “tres per cent.” Porque está muy mayor y malito como para declarar, ser juzgado o devolver un céntimo. Está comprobado que en muchos casos basta con airear la ropa sucia a tiempo.
Ojalá me equivoque. Pero la verdad es que tengo una sensación constante de “déjà vu.” Es el día de la marmota. Cada vez que se acerca el turno de un partido – hacia el poder- salen casos de corrupción como acelerador del proceso o para asegurar resultados. Claro, la fórmula es fácil, todos tienen sus cositas o sus “cosotas.“ Cuando es tan fácil trincar, hay muy pocos que se resistan. Encontrar corrupción en España es sencillísimo, aquí levantas una piedra y te salen dos o tres corruptos.
La historia reciente está plagada de casos.
La democracia que “nos dimos” lo facilita de forma asombrosa. Pero lo peor es que estamos acostumbrados. Estamos tan polarizados que somos incapaces de ver el verdadero problema mientras nos entretenemos en hacer escarnio del “enemigo.”
El problema es la absoluta falta de control y de garantías. El problema es que nos conformamos con ver en Chirona a los mindundis de turno, mientras los “capos” se van de rositas. El problema es que, en este país, cuando la porquería rebosa no se vacía nunca el recipiente. Se recoge lo que cae por su propio peso y se cierra hasta que rebose de nuevo. Y así no vamos a ninguna parte. Hemos consentido por falta de interés, que sucedan cosas gravísimas. La corrupción será endémica en España mientras no haya un buen escarmiento.
España es un país cada vez más débil y poco tenido en cuenta. Nos estamos convirtiendo en un meme internacional. No somos una república bananera porque de nombre, somos un reino.
Si no empezamos a lavar los trapos sucios, si no empezamos a levantar alfombras de verdad, como vulgarmente se dice, “nos va a comer la mierda.”
Si realmente se quisiera sacar la porquería, hace décadas que un buen castigo habría disuadido a más de uno. Pero no es así. Da la impresión de que hay una especie de pacto no escrito. Es como el chiste del dentista, entre el poder legislativo y el ejecutivo. Aquello de ¿a que ninguno de los dos nos vamos a hacer daño?
El matrimonio Legislativo ejecutivo solo discute cuando el judicial hace su trabajo.
Si de verdad hubiera consecuencias, si lo de los indultos – esa aberración antidemocrática- no se diera, no ocurrirían muchas de las cosas que ocurren. Los indultos sirven para sacar de la cárcel a los que no ha habido más remedio que entrullar. Muchos salen de rositas y con el dinero en Suiza. Y eso, si entran, que algunos, ni eso. Me temo que estamos ante uno de estos casos. A no ser que EEUU tenga algún interés, esto será como lo del “poc honoraple.” Mucho ruido y pocas nueces.












