Enrique Arias Vega: Yolanda Díaz, chachi piruli
Como las cantantes que hacen largas galas de despedida, la vicepresidente Yolanda Díaz lleva un sin parar. En los últimos cinco meses ha hecho ocho viajes al extranjero, pagados con dinero público, la mitad de los cuales no tienen nada que ver con las competencias de su Ministerio de Trabajo y Economía Social.
Para no olvidarnos de ninguno, la vicepresidente ha viajado a México Bruselas, Finlandia, Massachusetts, Nueva York, Los Alpes, Cannes y Hollywood. No está nada mal para la ministra de Trabajo mejor de la Historia, como dicen sus fans, arrobados por la radicalidad de medidas de su departamento, solamente pactadas con los sindicatos, de obediencia de izquierda, como se sabe.
El sectarismo extremo de la ministra no le impide darse la gran vida en su vivienda de 443 metros cuadrados, ni tener un fondo de armario, que por su riqueza -–en los precios y en su variedad— es comparable a las vedettes que decíamos al principio.
Nos encontramos, pues, con una persona para la que el lucimiento y la vistosidad son dos ejes constantes de su presencia física. Y que no se pierde, además, ningún sarao que le dé protagonismo, como la participación en los cuatro premios cinematográficos consecutivos: Cannes, Goya, Feroz y Óscar, a pesar de no tener ninguna competencia en el ámbito cultural. Su justificación de que era para promocionar el cine gallego y español con la foto de algunos de sus protagonistas es una excusa que cae por su propio peso.
Pero que no se crea que con esta turné folclórica de despedida está todo dicho, En cuando salga de su ministerio tendremos a Yolanda Díaz, otra vez en el candelero y en un puesto público pagado, como siempre, por todos los contribuyentes.











