Parece que en España el arte de dividirnos en ciudadanos de primera y segunda clase se ha convertido en una especialidad estatal digna de exportación. Uno de los ejemplos más flagrantes de esta separación es la sanidad, donde se introducen sistemas exclusivos como MUFACE para que los funcionarios gocen de una libertad de elección que se niega al resto de la ciudadanía.
MUFACE (Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado) es un sistema de aseguramiento público al que se adhieren los funcionarios y en el que puede realizarse elección de entidad sanitaria, pudiendo optar por sistema sanitario público o privado a través de entidades concertadas. Atendiendo a los datos publicados por el Ministerio de Sanidad en noviembre de 2024, MUFACE cuenta con 1.5 millones de mutualistas, de los cuales 1.007.322 personas han optado por recibir asistencia sanitaria mediante aseguradoras privadas.
Cerca del 67,15% de los afiliados a MUFACE optan por una sanidad privada gratuita que esquive las temidas listas de espera que el resto de mortales asumimos, a menos, claro, que desembolsemos una considerable cantidad de dinero por un seguro privado.
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Y ahí está el detalle: el lujo de elegir, reservado a unos pocos… aunque, irónicamente, no hablamos de tan pocos.
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Un millón de personas son las que juegan con ventaja en este sistema, perpetuando una vez más el relato del «cuento perfecto» de los funcionarios; beneficiarios de privilegios discretos que marcan grandes diferencias.
Evidentemente, esta iniciativa ha generado pérdidas millonarias debido al envejecimiento de los mutualistas y el aumento de la inflación. Grandes empresas privadas asumen asimismo el coste de asegurar a sus empleados, pero, por supuesto, lo hacen pagando una prima por cada individuo adscrito al seguro. En cambio, el Estado, curiosamente crítico con las empresas privadas, asume un modelo similar, aunque con una diferencia fundamental: lo paga con nuestros impuestos.
Sé que es una muletilla común, pero, ¿no estáis cansados de pagar con vuestros impuestos los beneficios de otros?
Lo verdaderamente indignante es que este sistema no es una excepción aislada, sino un privilegio nuevo para la lista de los funcionarios. Además de sus generosos planes de pensiones, gozan de licencias y premisos adicionales, jubilaciones anticipadas y créditos preferenciales. Y todo esto, bajo el disfraz de una “protección social” que esconde detrás un objetivo claro: fomentar la dependencia al Estado mientras se coacciona el emprendimiento y autonomía individual. Una fórmula, por decirlo suavemente, cuanto menos preocupante para la prosperidad y el futuro de un país.
Y ojo, aquí nadie está en contra de la colaboración público-privada, sino del uso del sector privado como carta de triunfo en la mano del sector público. El modelo Ribera Salud, que fusiona recursos públicos y privados, ha demostrado ser más eficiente en términos económicos y operativos que MUFACE, tal es así que fue premiado por el Alcalde socialista de Vigo.
Mientras MUFACE ofrece a los funcionarios la suerte de “elegir su propio camino” sobre el resto de españoles, Ribera Salud logra una integración competitiva entre ambos sectores. Basándose en la optimización de los recursos públicos desde la gestión privada, Ribera Salud garantiza un sistema sanitario más ágil y de mayor rendimiento.
No obstante, como de costumbre, España parece ser uno de los pocos países que huyen del éxito, y en lugar de apostar por modelos eficientes, prefiere sustituirlos bajo el yugo de la autoría pública que beneficie a grupos minoritarios como los funcionarios. Así ha sucedido en algunos municipios como Alzira, Torrevieja o Dénia.
Debido a las pérdidas millonarias que mencionábamos, el concierto sanitario idealizado de la MUFACE se encuentra al borde del colapso. Las aseguradoras que hasta ahora respaldaban la opción de dualidad sanitaria (como Adeslas, ASISA y DKV) han denunciado una clara falta de financiación y han decidido retirarse de su operatividad en el próximo ciclo. Sin embargo, el gobierno continúa trabajando en una nueva licitación que garantice la participación de estas compañías, asegurando que el sistema sigue siendo «eficiente».
Aquí es donde surgen mis dudas: Si es tan eficaz, ¿por qué solo cubre a un sector determinado de la población? ¿No era la igualdad uno de los principios fundamentales que defendía la constitución para todos los españoles?
Y mientras tanto, los funcionarios, temerosos de perder su privilegiado «chiringuito», han decidido salir a manifestarse para defender su derecho a la dualidad sanitaria. Si ellos, que llevan años disfrutando de un seguro privado gratuito, se quejan por el simple hecho de que su sistema pueda desaparecer, ¿qué deberíamos estar haciendo el resto de 45 millones de españoles, que jamás hemos tenido acceso a tal privilegio?
En una reciente intervención en X, Edmundo Bal, abogado del Estado, afectado por el desmantelamiento de MUFACE y exdiputado de Ciudadanos, dejó escapar la reveladora verdad detrás de todo el teatro de eficiencia y rentabilidad sanitaria. El verdadero golpe al sistema, como bien indicó, no fue la medida en sí, sino la implicación política que conlleva: la pérdida de 1,5 millones de votos. Esta es la esencia de un sistema que, en lugar de velar por la equidad, está diseñado para garantizar votos y, por ende, mantener el poder. Igualmente cuestionable es la actitud del exdiputado, quien, al reconocer que se vende por unos privilegios que lo colocan en la categoría de “español de primera clase”, revela la verdadera naturaleza de su compromiso con el sistema.

Pero, seamos sinceros, ¿qué negocio más lucrativo existe hoy en día que ser funcionario? Comodidad, accesibilidad y privilegios a la carta. En un país como España, siempre resulta más sencillo opositar y asegurar una estabilidad vitalicia que arriesgarte a emprender con todas las incertidumbres del mercado. Al fin y al cabo, si eres de los valientes que emprende y mantiene la economía a flote, obtienes como “recompensa” ver cómo tus -no precisamente reducidos- impuestos sostienen los beneficios de otros. Mientras en otros países el emprendimiento es la única opción, en España la cima de la ambición la ocupa la estabilidad laboral que ofrece el funcionariado.










