Juan Carlos Martínez Jiménez: ¡ Ya estem en falles !
Al esperado grito de “Ya estem en falles”, toda la magia de un pueblo se dispara, y no es una metáfora, estamos en febrero y empieza a oler a fiesta, tradición y pólvora. Toca hablar de indumentaria valenciana. Para hablar de un tema tan complejo solo puede hacerse de manos de profesionales, de buenos profesionales, por eso, me he sentado con Javier Niclós, propietario de La Casa de los Falleros y Albaes.
Javier no es cualquiera en el mundo de la indumentaria, tres generaciones de trabajo, tradición y buen hacer, le avalan.
Su abuelo ya fundó allá por 1.920 la empresa familiar dedicada a la confección de vestimenta tradicional y de trabajo, en la calle de la Carda junto a la Bolsería. Hablamos de una zona de Valencia, del grito del “cacahuero”, del arrop y tallaetes, les panolles, y el pregón de cansalada y llonganiça; el epicentro de una frenética actividad alrededor del Mercado Central, donde bullía el comercio y los artesanos.
La madre de Javier, Encarnación Albarracín, que por cierto, tiene una calle en Valencia, en el barrio de Benicalap, continúa la tradición familiar, monta su primera tienda en la plaza del Collado en 1.952 , viviendo toda la emoción y la agitación de la Lonja de la Seda, allí atiende a sus primeros falleros, mezclando comercio y tradición. Corre 1.962 cuando inaugura un nuevo local en la calle Quevedo, que bautizará como “ La Casa de los Falleros”, negocio donde se criará Javier al amparo del aprendizaje y la tradición costumbrista del vestir valenciano. Javier continuará el negocio, siempre con fabricación propia, en casi la totalidad de sus productos, e inaugurará un nuevo espacio en el Centro Comercial “Nuevo Centro”, dentro de El Corte Inglés, la saga continua.
A Javier lo defino como un hombre tranquilo, sumergido en su negocio, y como apreciación personal, una gran persona; con un hablar pausado, pero con gran pasión por la indumentaria, me ilustra sobre el traje de huertana, de como en el siglo XVIII, el traje regional se ve influenciado por tendencias francesas, y como en el siglo XIX, y XX, el crecimiento industrial y las mejoras económicas sociales van enriqueciendo todas las piezas que componen la indumentaria valenciana. Los artesanos de las manteletas, quieren que sean más grandes para lucir sus trabajos, los fabricantes textiles, más pequeñas para lucir el tejido, ocurre igual con los orfebres, y todos estos movimientos mantienen viva la innovación y las modas.
Coincidimos que la parte masculina tiene un parón en el año 1.954, cuando Junta Central Fallera impone el traje negro, la chaquetilla tiene influencias del traje de torrentí, digamos, siendo gentiles, con poco acierto.
Con esa misma calma, pero con especial entusiasmo, me transmite cómo su madre, a los pocos años de inaugurar “ La Casa de los Falleros “ sobre la década de los años 70, se encuentra en la disyuntiva de lo comercial y la tradición, se empiezan a descubrir en los arcones de las casas piezas antiguas, y Javier, me habla con entusiasmo de “ La Renaixença “, movimiento, cultural y literario, de la segunda mitad del siglo XIX. En este caso se refiere más a la recuperación de las raíces y costumbres de la forma de vestir de nuestros antepasados, que lleva a la creación de “ Albaes”, espacio específico para la confección para esos clientes que buscan la pureza de la tradición en la Indumentaria.
La conversación nos lleva a una apreciación personal, que no es tal, porque ya es un hecho, el estallido del número actual de falleros, y el crecimiento del censo en los últimos años, del interés por la fiesta, dándose el caso de comisiones que ya no pueden aceptar más altas de falleros, por saturación de sus casales.
Javier lo achaca a la ganas de salir y disfrutar, que surge tras el paso de la pandemia, y estoy de acuerdo con él, pero sigue habiendo algo que se me escapa, el crecimiento es muy importante, superando los 120.000 falleros en 2026, siguiendo una tendencia alcista, siendo el 56%, mujeres.
Sin duda, no es un negocio exento de dificultades, la localización de confeccionistas, la exigencia del mercado, la competencia, pero seguimos teniendo empresas solventes y potentes que conocen el negocio, al que han dedicado su vida, que siguen manteniendo viva la tradición; no puedo terminar estas palabras sin dirigirme al equipo de profesionales de “ La Casa de los Falleros “, los conozco personalmente, vendedores, modistas, de un gran nivel, consiguiendo que tus dudas, en una cuestión con tantos matices como la indumentaria valenciana, se disipen. Hay algo que es inherente a la indumentaria, la recuperación, e investigación de antiguos diseños; se van produciendo cambios, porque la indumentaria seguirá inmersa en una combinación de tradición e innovación, cambian los estilos, pero no el sentimiento, el de un pueblo que se aferra a sus raíces, y ahí están profesionales como Javier, que mantienen su dedicación y entusiasmo .












