Hay modas, y nombres que pasan a la historia, Chanel, Christian Dior, Giorgio Armani, los grandes genios de la moda, pero en esta ocasión, voy a hablar de otra moda, más etérea, menos palpable. Los estilos musicales nos acompañan durante nuestra vida, y en muchas ocasiones van ligados a movimientos sociales, que además se acompañan con un estilo de vivir y, por supuesto, un estilo en el vestir.
Si citamos a algunos cantantes, nos viene a la mente, de inmediato, cuál es su forma de vestir, cómo se presentan en público, e incluso pueden generar estilos propios.
Qué ocurre cuando se rompe el molde, cuando nos encontramos con alguien que traspasa edades, fronteras, estilos, y se convierte en imperecedero, casi un incunable; esto ya no es tan normal, y menos, habitual.
Hoy no hablo de la parte textil o la parte empresarial, ni de tendencias, hablo de un fenómeno que traspasa lo conocido, es capaz de influir, ser aceptado por una inmensa mayoría, y casi por la totalidad de las personas; ya quisieran muchos modistos. Si nos detenemos un momento, y pensamos en ese fenómeno, claramente ya no hablamos de una moda, estamos hablando de una conexión especial, imperecedera, como esos grandes diseñadores, capaces de interrumpir el paso del tiempo y mantenerse actual, eternamente de moda.
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El día 6 de septiembre de 2025 se realiza un concierto homenaje, en el nuevo Roig Arena; se conmemoran los 80 años del nacimiento de un cantante único, de los que están por encima de las modas: Nino Bravo.
El elenco de artistas es de estilos muy diferentes, pero todos coinciden en la grandeza del homenajeado; entre esos nombres, uno me toca especialmente: su hija, Eva Ferri. Seguro que cuando lea esto, igual me regaña, por su exquisita discreción, pero sé de la preparación y el esfuerzo que conlleva cantar canciones que cantó, y exitosamente, su padre; si algo tengo claro, es que lo hará con todo el corazón.
No es fácil ser la hija de Nino Bravo, y atreverte a cantar sus canciones, además sin ser profesional, pues no es su actividad principal.
Conozco de primera mano esa discreción con los temas de su padre, trabaja como una más, dedicada al mundo de la moda, liderando equipos, y puedo decir que con éxito.
Lo afirmo con conocimiento, pues hemos sido compañeros de fatigas durante muchos años; mujer decidida, valiente, y que siempre intenta pasar desapercibida, cuestión nada fácil, si tu padre ha sido, y sigue siendo, un ídolo dentro y fuera de nuestra tierra.
Estaréis de acuerdo conmigo en que aparecen canciones que, aunque alcanzan el éxito, incluso llegando a ser número uno en listas musicales durante varios meses, desaparecen del panorama, y luego las recordamos en el tiempo, en algún “remember” musical; reconozco que en el panorama actual, en algunos casos, no consigo ni entender lo que dicen, “mi amol”, pero funcionan, son moda, pasajera, pero moda.
El misterio, que he intentado analizar, y no consigo descubrir, es qué hace tan especial la voz y las canciones de Nino Bravo; seguro la calidad, su potencia, sus letras, su gusto al cantarlas, pero esto no es suficiente, estaréis conmigo en que hay algo más que nos cala en esta tierra, con sus canciones.
Hace poco celebramos un cumpleaños, aquello degeneró en una fiesta muy divertida, todos cantábamos, y conocíamos perfectamente las letras de Nino, en un grupo variopinto, de 15 a 80 años; no solo eso, sin duda existe un entusiasmo especial, casi comparable al cantar un himno: no solo es la canción, es la emoción.
Estoy seguro de que la experiencia que vamos a vivir en ese concierto supera las expectativas más exigentes, y no lo olvidaremos fácilmente.
Es complejo plasmar emociones escribiendo, pero en algún momento has cantado una de sus canciones, y sabes perfectamente de qué hablo. Con motivo de la Dana, una vez pasado lo peor, realizamos una comida informal de vecinos, “los que pelearon por sus casas”; ese día realicé un video con todos ellos, ¿sabéis que canción utilice de fondo?, “Mi tierra”. Me he dado cuenta de la elección al escribir estas letras. Esta moda, tan valenciana, internacional, imperecedera, que sigue y sigue, donde solo llegan los grandes, seguirá, sin duda, generación tras generación, porque va más allá de lo explicable, y solo se entiende con el corazón.















