«Lo primero que tiene que hacer un asesor es tirarse por el barranco por su presidente».
Iván Redondo, Comisión Mixta de Seguridad Nacional, 27 de mayo de 2021, p. 31.
Si alguien se ofrece a tirarse por un barranco por su jefe, conviene aclarar quién paga la excursión. Iván Redondo lo dijo en el Congreso, cuando dirigía el Gabinete de Pedro Sánchez. Respondía a las críticas de la oposición y defendía su papel: él asesoraba; el presidente decidía. Después proclamó aquella lealtad. Sánchez podía agradecerla. Tú podías pedir algo más. Un asesor público también debe advertir al jefe cuando se equivoca, aunque le estropee el día. Para los aplausos ya están los compañeros de partido.
Redondo llegó a Moncloa en junio de 2018 y cesó en julio de 2021. Traía formación en Humanidades y Comunicación, experiencia en consultoría y una etapa en el Gabinete de Extremadura. Ya sabía lo que era trabajar con dinero público. En Moncloa aumentó el alcance de su puesto: la estructura de enero de 2020 situaba bajo su dirección órganos de seguridad nacional, economía, asuntos exteriores y prospectiva. Además, coordinaba el Comité de Dirección de Presidencia. Su responsabilidad iba bastante más allá de conseguir que el jefe quedara bien.
En aquella comparecencia tuvo que responder por una reforma anulada por el Tribunal Constitucional. El Gobierno había cambiado la composición de la comisión que coordina la inteligencia del Estado dentro de un decreto de medidas urgentes contra el impacto de la pandemia. El Tribunal no encontró justificada esa urgencia y anuló la reforma el 13 de mayo de 2021. Redondo explicó que la sentencia cuestionaba el procedimiento, no la participación del director del Gabinete. En eso había una distinción válida: no lo habían inhabilitado personalmente para asistir.
Pero al afirmar que acataría la resolución añadió: «pero no cambia nada». Defendía que podía seguir participando. Para el ciudadano quedaba otra cuestión: el Gobierno había aprobado una reforma sin justificar la urgencia. Su defensa de la presencia en la comisión no explicaba ese incumplimiento. Los límites al poder importan también cuando permiten seguir sentado en el mismo sitio. Ese episodio no resume toda su gestión; sí muestra cómo defendió al Gobierno ante una norma anulada. Y permite preguntar qué esperamos de un asesor: que sepa justificar al jefe o que también le ayude a evitar el atajo.

Tampoco sería serio reducir su etapa a ese episodio. Ese día anunció la creación de la Agencia Espacial Española. El proyecto siguió adelante y su estatuto fue aprobado en marzo de 2023, cuando él ya había salido. Anunciarla no lo convierte en autor único, pero su existencia posterior impide despachar aquel anuncio como simple humo. La pregunta útil es qué aportó él al proyecto y cómo podemos acreditarlo. Una frase brillante se recuerda; un trabajo público debe poder evaluarse.
Redondo sigue haciendo pronósticos. En La Mesa de Antena 3, el 14 de octubre, sostuvo que el PSOE superaría al PP en las encuestas en dos semanas, según su lectura de los microdatos del CIS. Aguirre pidió explicaciones sobre el Sáhara; Vallés cuestionó que una visita presidencial a Ceuta dependiera del equipo de campaña. Son intervenciones distintas, pero devuelven la pregunta de fondo: ¿se está atendiendo al ciudadano o calculando cómo conservar el poder? El pronóstico de Redondo podrá contrastarse. La seguridad con que habla tampoco sustituye al acierto.
Y aquella lealtad tenía nómina. Entre junio de 2018 y julio de 2021, las retribuciones publicadas para su etapa en Moncloa suman 372.712,36 euros brutos. Más de 372.000 euros en algo más de tres años junto al presidente. El acumulado recoge los periodos en que ocupó el cargo, incluidos los años incompletos de entrada y salida. Gastos aparte. La prestación tras el cese merece una cuenta separada: Newtral informó de 6.910,89 euros mensuales, previstos durante dieciocho meses e incompatibles con otros ingresos por actividad pública o privada. Ese importe no se añade a los salarios: todavía falta comprobar cuánto percibió finalmente.
Y la nómina no incluye todos los costes del servicio. Un ciudadano pidió hoteles, comidas y taxis de Redondo entre el 8 y el 15 de febrero de 2021. Presidencia tardó tres meses en responder que no había ocasionado gastos durante ese intervalo. El Consejo de Transparencia estimó la reclamación por la demora. No consta que Redondo ordenara retrasarla. Consta que hubo que reclamar para obtener la respuesta. Para completar su coste necesitamos más que aquella semana: viajes, recursos del equipo y gastos desglosados. Gastos aparte.
La frase del barranco merece menos fascinación y más preguntas. Antes de celebrar al próximo estratega, comprueba qué aportó, cómo respondió ante un límite y qué cuenta dejó. Después iremos a Juan Manuel Serrano, de la confianza del partido a la presidencia de Correos. Sánchez podía elegir a quien mejor le asesorara. Nosotros pagábamos un trabajo público, con resultados que explicar y reglas que cumplir. La lealtad al jefe nunca puede sustituir esas obligaciones. Y los gastos siguen siendo aparte…








