El mundo del vestir, como vamos descubriendo, es mucho más que ponerse una prenda, y dependiendo de quién, y cómo lo haga, se convierte en un proceso elaborado de mensajes que lanzamos de forma continuada. Estamos casi en reyes, y en nuestra tradición occidental y cristiana, regalar es una forma de transmitir afecto a las personas queridas; hay un artículo que es el titán del regalo, y considero, aunque no se confecciona, es una forma más de vestir, el perfume.
Una de las frases más comerciales de la historia, la pronunció Marilyn Monroe, en una entrevista en 1.952, a la pregunta: ¿que usas para dormir ?, la respuesta se convirtió en icónica: “solo unas gotas de Chanel Nº 5”, convirtiendo unas gotas de perfume en una pieza de lencería de lo más sexi. Más de 100 años desde la creación del mítico perfume de Coco Chanel, que exigió un frasco transparente, lo importante es el contenido, no el continente.
Aunque no aconsejan poner perfume directamente sobre la piel, es sin duda, un potente marcador de nuestra personalidad, define quién somos y es una seña de identidad.
Cuando tienes ese look estupendo, que te define, y te encuentras perfecto, seguro que el toque final antes de lanzarte al mundo, es tu perfume. Hay algo que siempre me sorprende de algunas personas, su habilidad para distinguir olores, comentarios como : “sabía que habías llegado, he olido tu colonia”, es algo que demuestra la fuerza de un olor en la percepción de cada persona. Lo digo sin ánimo despectivo, todo lo contrario, me maravilla esa habilidad, hay personas, y lo he vivido especialmente en mujeres, que son como un pointer trufero detectando tu perfume personal, ese que huele a ti.
No hay empresa de moda que no tenga su perfume, es sin duda la guinda del pastel, un producto de gran margen comercial, refuerza la imagen de marca, y utiliza un olor concreto para identificarte con esa marca; a la pregunta: ¿ qué colonia usas?, la respuesta es una campaña gratuita de marketing, definiendo un estilo, un producto; junto con la moda y los juguetes, es el producto más regalado en el periodo de Navidad.
Las grandes marcas trabajan lo que se denomina “nicho”, es decir, tu cliente ideal, y a partir de ahí comienza el trabajo para definir el producto, a quién dirigirlo. Pensar un segundo cuántas posibilidades existen, olores amaderados, frutales, cítricos, orientales, y luego la posibilidad de matices, un mundo abierto a la imaginación. No es casualidad que cuando alguien triunfa en alguna disciplina, sobre todo artística, presente un perfume, el negocio es altamente rentable, tengamos en cuenta el coste de los anuncios en todas las plataformas existentes, y anuncian de forma incansable, todo tipo de perfumes.
Al igual que en el vestir, nuestras preferencias se unirán con nuestro carácter, una persona extrovertida gusta de olores cítricos, a personas más reservadas los olores amaderados, o con toques de vainilla; estamos uniendo la parte física del vestir, con la parte etérea del olor, para crear un todo personal.
También tienen un efecto psicológico, afectan al resto de las personas, bien sea de forma agradable, o desestabilizadora, influyen en nuestro estado de ánimo, y sabemos que hay perfumes que nos molestan, sin duda, porque generan emociones en nosotros, tanto positivas, como negativas; regalar perfumes es muy personal, debes conocer a la persona y su gusto, por no decir, su marca habitual, si no es así, es un regalo arriesgado, porque puede producir rechazo si no aciertas.
Las marcas potentes una vez te han captado con tu olor favorito, son despiadadas en los precios de venta, hacemos el esfuerzo porque nos gustan, y se produce ese efecto de refuerzo de nuestra personalidad, pero si te detienes un momento, estamos pagando verdaderos dinerales por frascos, muy bonitos, pero con muy poco contenido. Esto me lleva a otro fenómeno comercial, “los dupes”, duplicados de perfumes caros, inspirados en su olor, pero sin ser el original; existe un mercado muy amplio en este tipo de productos, y se mueven en una legalidad difusa, pero se consideran legales y resultan mucho más económicos; no aconsejaría para nada, las falsificaciones, ahí si se corre un riesgo importante para la salud.
Sin duda regalar un perfume es una muestra de afecto muy personal, genera un efecto recuerdo y apela directamente a nuestro estado emocional.
Cualquier regalo que pueda ligarse a nuestro yo más íntimo es un acierto seguro, y es difícil encontrar algo más personal que tu propio olor. Espero que los Reyes Magos acierten con vuestros regalos, “la personalidad se parece a un perfume de calidad: quien lo usa es la única persona que no lo huele”, aunque mi favorito es, “para olor el pan, del sabor la sal”.














