Enrique Arias Vega: Pérez Reverte y la guerra civil
Mucho se ha escrito sobre la posposición de las jornadas de debate sobre la guerra civil que bajo el título de La guerra que perdimos todos organizaron Arturo Pérez Reverte y Jesús Vigorra. Por mucho que se haya escrito vale la pena seguir haciéndolo, porque la cancelación del debate por parte de la izquierda pone de manifiesto una de las lacras de este país: la imposibilidad del diálogo y la confrontación de ideas en un ejercicio de libertad intelectual.
Ello es así, porque en muchas cuestiones se trata de imponer un pensamiento único y cualquier desviación de él se fustiga con el anatema y hasta la represión. La guerra civil española es uno de ellos y sobre esos temas y cualquier otro, “con los fascistas no se habla”, como ha puntualizado Ione Belarra.
Si sobre cantidad de temas no es posible la reflexión y la discusión intelectual, el progreso de una sociedad se detiene y en vez de criterios acaban por tenerse eslóganes y en vez de libertad una dictadura de las ideas.
En el caso que nos ocupa, la guerra civil sólo puede ser utilizada para repudiar el franquismo pero no para analizar sus causas y sus consecuencias. Cuando, de acuerdo con esto, se dio de baja como ponente el escritor David Uclés, arrastró en su decisión a otros participantes poco dados a la ecuanimidad ni a la reflexión crítica.
Nuestra contienda fratricida, como cualquier otro conflicto, tiene sus aristas y supone una pérdida colectiva, pues tras ella nos quedamos sin libertades ni unos ni otros, ni los perdedores ni los presuntos ganadores, y analizar ese fenómeno enriquece a una sociedad en vez de perjudicarla.











