Enrique Arias Vega: Las narcolanchas .
El abucheo por familiares de guardias civiles a Fernando Grande-Marlaska, el ministro más reprobado de la democracia, evidencia cómo están las cosas en ese cuerpo armado. De nada le sirvió al ministro decir que él también estaba “rabioso” con la última muerte de dos uniformados, porque los silbidos y abucheos arreciaron.
A la par que esto, el fallecimiento en acto de servicio de los dos hombres de la Benemérita fue calificado por la candidata socialista en Andalucía María Jesús Montero, de “accidente laboral”, con lo que se armó la mari morena.
Estamos, pues, ante un malestar constante de los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado que, en el caso de la Guardia Civil y la Policía Nacional, se añade además su falta de equiparación con otros cuerpos armados.
Todo se origina de la falta de consideración de su oficio como de alto riesgo, tipificación que lleva bloqueada en el Congreso un montón de meses y que el Gobierno no tiene intención de apresurar.
La situación se complica con la evidente mayor preparación de los delincuentes del narcotráfico, con lanchas cada vez más veloces y equipadas y la tenencia de armas de guerra para ayudarles a perpetrar sus crímenes. Frente a ellos, nuestras fuerzas de orden público resultan manifiestamente insuficientes, como lo son también los recursos judiciales con los que poner coto a sus delitos.
Estamos pues ante un sinsentido de que los malos tengan mayor dotación que los buenos a la hora de enfrentarse unos a otros Y que se construyan unas lanchas de una potencia que no son para el recreo ni la pesca y cuya creación las autoridades deberían vigilar más de cerca.










