Enrique Arias Vega: La Vuelta más politizada
La Vuelta Ciclista a España ha vivido todo tipo de incidentes a lo largo de su historia. Pero habría que recordar los años duros de ETA, y ni aun así, para encontrar acciones violentas contra su desarrollo. Todo esto sucede en la actualidad por la presencia de un equipo israelí coincidiendo con la ocupación por su país de la franja de Gaza.
Es legítimo, por supuesto, protestar por las matanzas de palestinos y hacerlo en los foros que se estime más pertinente, pero sin olvidar unas nociones básicas, que consisten en que ni el equipo ni los corredores israelíes son culpables de lo que pasa y que poner en riesgo a los ciclistas en su conjunto es una temeridad tan violenta como la que se quiere denunciar.
Es verdad que el deporte constituye un escaparate inestimable para cualquier reivindicación, pero también lo debe ser su neutralidad política. Afirmar, como acaba de hacer, entre otros, el ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, que la organización del evento ciclista debería hacer que los deportistas israelíes se retiraran, sería una claudicación sin precedentes al terrorismo de unos cuantos pro palestinos y dar alas a un mayor vandalismo.
A la hora de escribir este artículo, ignoro qué pasará de aquí hasta el final de la Vuelta Ciclista. Lo que sí deseo es el fin del conflicto de Gaza y la restauración de la paz, tanto en los hechos como en las conciencias. Pero lo que no deseo, ni por asomo, es echar culpas donde no las hay y ver cómo se produce más fanatismo y más violencia contra el fanatismo y la violencia.











