La izquierda siempre adopta la misma estrategia para resistir al precio que sea en el poder.

Andan enfrentados entre sí, pero se disfrazan de solidarios, para esconder las vergüenzas de sus verdaderas intenciones. Llega la Cuaresma y antes, obviamente, no se van a celebrar los carnavales. Pero en la medida en que nos acercamos al martes de carnaval, hay que decir que la izquierda sigue a lo suyo: se han puesto sus mejores máscaras para ocultar su rostro insolidario o frentista.

En el ámbito estatal, el Vicepresidente Iglesias tiene la poca vergüenza de cuestionar la calidad democrática de España. Con sus palabras y sus actuaciones, va minando las estructuras del Estado de Derecho. Busca recuperar un protagonismo y un peso en la política nacional que las urnas le han negado. Un partido que no cree en el sistema que tenemos, está, desde dentro, dinamitando los puentes de la convivencia entre los españoles. Siendo graves las declaraciones y actuaciones de Iglesias, más preocupante es que Sánchez no cese a su Vicepresidente. No quiere perder la presidencia del Gobierno. Pero más vale honra sin poltrona, que ocuparla habiendo perdido absolutamente la dignidad. Sánchez se pone la máscara de hombre de Estado, cuando en realidad, está ayudando al vaciado del Estado social y democrático de Derecho que lleva a cabo el dinamitero Iglesias y sus socios blanqueados.

En el ámbito autonómico, Puig también lucha por mantenerse a toda costa en el poder. Su máscara de telepredicador ya no convence a nadie. Sus homilías laicas –como las de su jefe de partido- están vacías de contenido. La solemnidad de las mismas son mera fachada.  La Agencia Valenciana Antifraude ha cifrado en 530.000 euros las cantidades recibidas en concepto de subvención, por la trama de las empresas vinculadas al hermano del President Puig y que están siendo investigadas por presuntas irregularidades.

Es lógico y necesario, por limpieza democrática, que se le pregunte a Puig sobre este escándalo. Así se hizo en la primera sesión de este año de control al ejecutivo autonómico. Sin embargo, Puig decidió no comparecer. Respondió a las preguntas de la oposición, la Vicepresidenta Oltra, la cual afirmó que “los hermanos no se eligen; la corrupción, sí”. Esta respuesta es realmente inquietante. ¿el hecho de que una persona sea hermano de un cargo público le exime de responsabilidad si hay presuntos casos de corrupción? Al contrario, hay un deber mayor de diligencia y de evitación de la corrupción cuando de la familia se trata. No olvidemos el famoso despacho de Sevilla desde el que “hermanísimo” del entonces Vicepresidente del Gobierno socialista, Alfonso Guerra, se dedicaba a traficar con influencias.

Pero las sombras que se proyectan sobre el gobierno del Botánico, no se detienen ahí. Hace pocos días, el Síndico Mayor de Cuentas, en su comparecencia en Les Corts, valoró el informe de la Cuenta General de la Generalitat correspondiente a 2019, que es el último ejercicio presupuestario auditado. Esperen a que se auditen las cuentas del año de 2020, y estoy seguro que aún será peor. El Síndico alertó que el gobierno autonómico hizo un uso abusivo de los contratos de emergencia, exigiendo al Consell a poner solución.

Literalmente afirmó que la Generalitat “no cumplía los requisitos esenciales para numerosos contratos por urgencia o emergencia”. Estos contratos permiten eludir las exigencias más rigurosas que en la contratación ordinaria, y, por lo tanto, es posible que los “amiguetes” los puedan obtener más fácilmente.

Las Consellerias que tramitaron más dinero por emergencia fueron las de Sanidad y, sobre todo, la de Igualdad y Políticas Inclusivas de Oltra. A ella le recuerdo que también es corrupción contratar por vía de emergencia, cuando no se cumplen los presupuestos para hacerlo. Estas conductas pueden generar, como mínimo, responsabilidad contable.

Si nos dirigimos al ámbito local, el gobierno de Joan Ribó y Sandra Gómez son incapaces de evitar las estafas que van mermando el dinero de todos los valencianos. Hemos conocido una nueva estafa que ha sufrido un organismo municipal, en este caso, el Palacio de Congresos. Es escandaloso que además de no ser capaces de gobernar para todos, permitan por su inacción que haya quienes se aprovechen del dinero público, en estos momentos en que tanto se necesita para otras cosas. Pero eso no importa, como el resto de la izquierda insolidaria, lo relevante es resistir en el poder.