– Ahora estamos despotricando (dependiendo del bando escogido) si “la Jessi” era apta para un puesto en una empresa pública, o si estaba cobrando un sueldo por trabajar fuera de dicha empresa, en otros menesteres.
Y lo peor, es que por lo visto no era esta la única “empleada” con sueldo público. Chicas con nombres tan exquisitos como el grupito creado por Los Morancos. La Jessi, la Devo y la Vane. Buen gusto y elegancia, seguramente esto fue lo que impresionó a quien las entrevistó. Eso, sus conocimientos anatómicos y sus “conocidos”, suplieron con creces la escasez (o ausencia total) de formación para trabajar en dichos puestos.
La Jessi, la Devo y la Vane no serán las únicas. ¿Cuántas “empleadas” de este tipo debe de haber en empresas públicas? No deben ser pocas, a juzgar por lo que se puede ver en algunos sitios. Y sin llegar al glamour de las “Jessis” y las Vanes, tenemos a las de apellido compuesto como directoras, sin más mérito que ese apellido. Acuérdense de los trenes que eran más grandes que los túneles. La directora por aquel entonces es ingeniera, pero seguramente se licenció en una universidad privada, que, como nos ha dicho últimamente Pedro, son “chiringuitos” que venden títulos. Así se entiende, claro. También se entiende que se contratara a la Jessi. Y se comprenden esas cátedras de nueva creación.
Cabe preguntarse, con estos mimbres, quién va a construir las infraestructuras destruidas por la riada.
Quién estará al cargo, si una Jessi o una de apellido compuesto con título de pago. Quizá por eso el gobierno todavía no haya movido ficha y sigamos sin puentes ni carreteras en muchos sitios. Quizá la tómbola de contrataciones a dedo lleve su tiempo. O quizá estén esperando ver cuánto recauda “la Chiqui”, ahora que está claro, que hasta de las ayudas que concedió la GVA, quiere su pellizco. Y es que hay mucho hueco que llenar y mucho sueldo que pagar.
Las Jessis no se pagan solas y las de apellido compuesto tampoco, y, además, no son baratas. Llegar a esos puestos no es cualquier cosa. Las oposiciones son para los pobres, no para las chicas con amigos. Tampoco para los chicos. No me cabe duda de que, así como hay Jessis en empresas públicas, seguramente hay más de un cowboy de medianoche (pero no “de medio pelo”) cobrando un sueldazo público. La falta de transparencia y la corrupción generalizada en muchas empresas públicas son las responsables de que esto no funcione.
El escándalo no es que un exministro “colocara” a una amiguita en una empresa pública. El escándalo es que nadie lo denunciara.
El escándalo es que todos hicieran la vista gorda. Desde los compañeros, a los que ingresaban la nómina a una señora que no iba a trabajar (en la empresa, en el piso trabajaba sus 20 minutos). El escándalo es que de esto nos hemos enterado, pero ¿cuántos de esos sueldos de empresas públicas los cobra gente que no trabaja? Miedo me da preguntar.
¿Cuántas Jessis, cowboys, primos, primas, compis de El Pilar y demás, habrá parasitado a costa del dinero de nuestros impuestos? De esos impuestos que cada vez son más.
Impuestos tan absurdos e injustos como las tasas ecológicas para los que han tenido que derribar sus casas a causa de la riada. Impuestos si te mueres, para que tus hijos hereden lo poco o lo mucho que tengas. Impuestos por comprar una casa, un coche… ¡Impuestos por todo!
No puedes dar ni un paso en España sin pagar impuestos.
¿Y dónde van tus impuestos? Pues me da que no son para carreteras (por lo menos en Valencia) ni para Sanidad, ni Educación. Para Sanidad, por ejemplo, se destina menos de lo que se recauda en impuestos directos al tabaco. Nuestros impuestos, nuestro dinero, le ha estado pagando un sueldo a una amiga/sobrina/pareja de un ministro, a una directora incompetente y a saber a cuántos más.
Nuestros impuestos van a parar a muchos sitios, y no todos son de interés público. El dinero público, según una ministra, “no era de nadie”, por lo tanto, pagar esos sueldos con dinero “de nadie” no es corrupción, ni siquiera es indecoroso. Ese dinero que sale de nuestros bolsillos cada vez con más frecuencia y en mayor cantidad, no se destina solo a lo importante, ni siquiera en algunos casos a lo necesario.















