La última colección masculina de Prada para otoño – invierno 2026 está generando cierta controversia, que imagino es el objetivo.
La prestigiosa firma ha presentado prendas con manchas en las mangas, rotos específicos, e imitaciones de remiendos. A partir de ahí, si lees las crónicas de los expertos, comienza la filosofía, que ya he definido en alguna ocasión, que quiere expresar, el fundamento de la colección, la moda como interpretación de estilos que empiezan a repetirse en múltiples lugares, siguiendo una mezcla de valores de todo tipo, especialmente sociales.
Los grandes de la moda, generan sus interpretaciones personales, o de marca, que por su importancia en la industria, generan también patrones a seguir, en el caso de Prada no sigue las tendencias, las crea.
Teniendo en cuenta que un traje de Prada de mohair, cuesta unos 3.000€, una camisa fácilmente 900€ y una camiseta 500€, para los ciudadanos de a pie, entender esta colección disruptiva, con parches y rotos, pues se nos escapa un poco de la imaginación; aboga a un mundo en una posible recesión, a prendas que ya han vivido, y al atractivo de lo usado, según explica la parte creativa.
Cuidado con lo que se desea, tenemos un nuevo mundo en la moda, hombres y mujeres generadores de una nueva estética, y sobre todo basados en un nuevo concepto social, la generación Z; compradores de moda nacidos entre mediados del año 1.990, al año 2.010, aproximadamente, los nativos digitales. Su mundo es Internet, con la tecnología como medio de comunicación, horas y horas de red en cualquier plataforma; tienen muchas más cualidades, pero me interesan, dentro del mundo de la moda, estas otras: interesados en el cambio climático, la sostenibilidad y la autenticidad.
Existen en este momento en España unas 800 tiendas de prendas de segunda mano, el crecimiento va en aumento y se nutre especialmente de personas menores de 25 años.
Según previsiones, en 2.030 el mercado de segunda mano duplicará al de ropa nueva. Es básica la explicación anterior, tenemos una generación con un volumen importante de público objetivo de este mercado, con nuevas inquietudes, donde se impone un nuevo estándar de valores. Esto generará un nuevo giro en las empresas de confección , que ya empiezan a realizar sus primeras incursiones en este segmento, viendo la ola que avanza con una probabilidad alta de crecer a grandes dimensiones, modificando el concepto de negocio, y que afectará a la venta tradicional de ropa nueva. Las propias marcas están estudiando distintas fórmulas para generar su cadena de recompra, y no ser expulsadas de un mercado que crece, y puede dañar sus estructuras de venta, si no encuentran sistemas para acoplarlas a su mercado.
Una conciencia medioambiental, generar una economía circular de prendas que se recuperan, la famosa sostenibilidad llevada a lo práctico, no a la filosofía, aliviar uno de los campos más contaminantes del mundo, la confección de ropa, y un concepto estimulante, lo “vintage”, acompañado, por supuesto, de precios más asequibles.
También es una fórmula para poder adquirir prendas de lujo a un mejor precio
Prendas a las que no se podría acceder de forma habitual, esa pieza, capricho inalcanzable, porque duele gastar tanto dinero, que habitualmente se suelen conservar en buen estado, y una vez amortizada, poder darle una segunda vida a la prenda.
Algunos estudios ofrecen datos de un 43% de personas que ya compran prendas de segunda mano de forma habitual, y un 60 % que lo ha hecho en alguna ocasión, y que este mercado alcanzará en breve un 10% del total de la compra de moda; desde luego la cifra no es desdeñable, y debo confesar que me ha sorprendido, pensaba , que no había un calado social tan importante en este tipo de compra de ropa. Tengamos también en cuenta las plataformas digitales de compra – venta de segunda mano, no solo la tienda física, y es justo ahí donde se siente cómodo este comprador objetivo, en la compra digital, es su entorno, nacieron dentro de un mundo digitalizado que dominan con soltura. No les produce ningún problema, todo lo contrario, pasar horas navegando y buscando esa prenda que les guste, y que además, suele venir acompañada de un buen precio.
Como Boomer, generación a caballo entre lo analógico y lo digital, entiendo el cambio, el proceso, no me resulta extraño, pero sigo prefiriendo la sensación del tacto, de la prueba, de observar antes de comprar, “ver para creer, y para no errar, tocar”, y más en una materia tan complicada como es el vestir; me molesta profundamente, que después de recibir la prenda, no alcance mis expectativas, y mucho más molesto, devolverla, pero es un comprensivo e inexorable proceso evolutivo y generacional.















