No es una tilde, es una frontera.
No es una cuestión ortográfica, es una cuestión de soberanía cultural.
No es un debate técnico, es una batalla por la historia y la tradición de Valencia.
Durante demasiado tiempo se nos ha querido hacer creer que esto era solo una discusión académica. Que todo se reduce a expertos, informes y consensos técnicos.
Cuando una institución se convierte en instrumento ideológico, deja de ser neutral. Y eso es lo que ha ocurrido con la AVL: es el caballo de Troya del pancatalanismo en Valencia.
Y ya es hora de decirlo sin rodeos.
En 2023 los valencianos pusieron fin a ocho años de imposiciones lingüísticas desde la izquierda. Vivímos de primera mano ese debate. Ocho años en los que se avanzó paso a paso hacia una homogeneización cultural que diluye lo valenciano en un proyecto político más amplio. Ocho años en los que el acento abierto en el nombre de nuestra ciudad no fue una casualidad, sino una dirección.
¿De verdad alguien cree que las grafías son inocentes?
¿Que las normas no transmiten un modelo cultural?
¿Que las decisiones lingüísticas no tienen consecuencias políticas?
Cuando se produjo el cambio de gobierno municipal, el PP planteó mantener la forma heredada y añadir la versión en español.
El problema era —y sigue siendo— que la forma oficial no reflejaba nuestra historia ni nuestra tradición fonética.
Valencia siempre se ha pronunciado con acento cerrado.
Así lo recoge la evolución histórica.
Así lo respalda la tradición filológica.
Así lo confirma la realidad viva de nuestra lengua.
Por eso defendimos —y seguimos defendiendo— recuperar lo que era nuestro: Valéncia. Con acento cerrado. El acento valenciano. No el impuesto. No el diseñado desde despachos que miran más hacia Barcelona que hacia el Cap i Casal.
El informe técnico que sustentó la decisión municipal es claro: la motivación es académica, la investigación viene de 1995 y la acentuación debe reflejar la realidad fonética de los valencianos. Y esa realidad es cerrada.
Entonces:
¿por qué tanta resistencia?
¿por qué tanto empeño en mantener el acento abierto?
¿por qué cuesta tanto reconocer la especificidad valenciana?
Porque aquí no se está discutiendo una vocal. Se está discutiendo un relato.
Se nos ha querido integrar, poco a poco, en una construcción cultural ajena. Se han asumido como incuestionables las directrices del Institut d’Estudis Catalans. Se han elevado las Normas de Castellón a categoría de dogma. Y cualquier alternativa valenciana ha sido caricaturizada como marginal.
Pero Valencia no es marginal.
Valencia no es subsidiaria.
Valencia no es una extensión cultural de nadie.
Valencia tiene historia propia.
Valencia tiene tradición propia.
Valencia tiene identidad propia.
La decisión del Pleno municipal de aprobar Valéncia / Valencia no fue un gesto simbólico. Fue un acto de afirmación histórica. Fue decir: aquí se habla como se ha hablado siempre. Aquí se respeta la evolución propia. Aquí no aceptamos tutelas.
Y ahora la AVL propone una supuesta solución que, en realidad, vuelve al punto de partida: mantener el acento abierto y añadir la forma en español. Es decir, conservar el marco ideológico y maquillarlo de pluralidad.
No es equilibrio. Es continuidad encubierta.
Por eso la postura de Vox era y es firme.
Primero: reducir su asignación presupuestaria.
Segundo: avanzar hacia su eliminación.
Tercero: respetar y defender las Normas de El Puig como referencia legítima de nuestra singularidad lingüística.
Cuarto: eliminar la forma catalanista e incluir la valenciana con acento cerrado.
Sin complejos. Sin medias tintas. Sin miedo al debate.
Porque defender nuestra historia y nuestra tradición valencianas no es extremismo. Es coherencia. Es respeto por lo que somos.
Valencia no necesita ser validada desde fuera.
Valencia no necesita ser reinterpretada.
Valencia no necesita ser corregida.
Valencia es España.
Y como parte inseparable de España, tiene derecho a preservar su historia sin interferencias.
La respuesta no está en los despachos.
Está en nuestra tradición.
Está en nuestra historia.Y sí, empieza, por defender sin complejos el nombre de nuestra ciudad: Valéncia.
Porque al final, más allá de informes y falsos equilibrios, hay una verdad sencilla que no admite matices: La AVL sobra en Valéncia
José Gosálbez
Portavoz Grupo Municipal VOX en el Ayuntamiento de Valencia












