– En la sociedad actual, ¿cuál es el gusto colectivo? Difícil misión para los cazadores de tendencias.
Salimos a la calle y vemos la amalgama de estilos determinados por grandes firmas, en ocasiones por decisiones personales y, en muchas otras más, por condicionamientos económicos.
Cuando te dicen: «yo no sigo la moda», crean la moda de los no seguidores, la originalidad es muy compleja. Nuestra imagen influye en la percepción de los que nos ven. Un asesor de imagen estudia qué color o qué prenda es adecuada para crear una imagen social o para introducir a su cliente en un ambiente determinado.
Conocemos la expresión “comer por los ojos”, y cuando entramos en un restaurante o cafetería, salimos airados si creemos que no reúne las condiciones que creemos aceptables. Nuestra imagen habla de nosotros, posiblemente no de nuestra absoluta verdad, pero sí lo suficiente para crear juicios de valor y generar expectativas, que quedarán en la retina de nuestros interlocutores.
Analizar el poder de nuestra imagen y su repercusión no es tan baladí como para llevarlo a un concepto de superficialidad personal o colectiva, influirá en nuestras relaciones personales más de lo que pensamos. En el principio de los tiempos cubríamos nuestros cuerpos por pura necesidad; nada más alcanzar las más mínimas cuotas de civilización las modas irrumpieron en la sociedad buscando estéticas que se consideraban relevantes para la belleza o para sentirse mejor, sin olvidar la importancia de diferenciar las distintas clases sociales.
Vivimos en sociedad, grupos, tribus, con condicionamientos y normas, pero ¿a quién no le gusta gustar?
Juan Carlos Martínez Jiménez lleva 50 años en el mundo de la moda, pasando por todos los ámbitos: sastrería, escaparatismo, venta y confección… Los últimos cuarenta de ese medio siglo ha sido jefe de Actividad y desarrollo de equipos de moda de mujer, hombre, infantil y juventud en una gran cadena nacional










