Eso lo saben muy bien en Irán. Tras la revuelta y derrocamiento del Sha, lo que han tenido ha sido una dictadura religiosa. El “libertador” se convirtió en dictador de la noche a la mañana.
Poco o nada se está hablando de Irán y las protestas que llevan ya quince días. Nada se dice sobre las represalias habituales y otras de carácter más siniestro. Tampoco verán ustedes un análisis imparcial de los motivos. Dependiendo del medio, les contarán que es por motivos económicos – y no les faltará razón- pero seguramente se olviden de otras muchas reivindicaciones de los iranís.
Lo cierto es que desde que el ayatolá Jomeini tomara el poder en 1979, Irán ha ido descendiendo hacia un abismo totalitario religioso, que posiblemente, es el más fanático y tiránico del mundo.
Como todos los tiranos y aspirantes, se presentó al pueblo iraní como un libertador que pasó años en el exilio. Un gran crítico del que era gobernante en aquel entonces, el Sha Reza Pahlavi. Alguien, que, por otra parte, “se lo puso a huevo” con su absurdo gusto por la ostentación. Pero como en todo, esta no es una historia de buenos y malos, esta es una historia de malos y menos malos. El Sha, con todos sus defectos, procuró siempre la modernización de Irán, aunque se equivocó de socios. Tampoco estuvo muy espabilado en el intento de venta de empresas estatales a intereses extranjeros. Podrían haberlo asesorado en España, aquí se hizo con mucha discreción. Pero también impulsó reformas que fueron las que realmente le “tocaron las narices” a una clase privilegiada. Los Ulema, poderosos clérigos académicos religiosos, que, entre otras muchas cosas, no veían nada bien eso de que las mujeres tuvieran derecho al voto.
Tras años de exilio en varios paises, Jomeini acabó en Francia, en Neauphle-le-Château, cerca de París, y “por lo que sea” de ahí salió para convertirse en gobernante supremo de Irán.
Cómo no, usó las palabras constitución y democracia para instaurar una dictadura religiosa, y de las más represivas del mundo. Y así llevan desde hace 47 años. Casi medio siglo en el que ha quedado muy claro, que los clérigos no tienen ni puñetera idea de gestionar un pais y que la aplicación de la Sharía, en estos tiempos, es un gravísimo error. Una ley religiosa y medieval en pleno siglo veintiuno, no es solo un anacronismo.
Si las protestas continúan y la represión no funciona, pronto veremos cambios allá por Persia. El sueño de esta clase clerical privilegiada, de extender el Islam y aplicar la Sharía en el resto del mundo, cada vez está más lejos de cumplirse. Y eso a pesar de lo mucho que la izquierda los ha promocionado y blanqueado durante más de medio siglo.
La expansión y radicalización en paises occidentales solo ha sido posible por la inestimable colaboración de toda la izquierda.
Recuerdo perfectamente el apoyo incondicional (a Jomeini) de “intelectuales” y demás personajes, que presumían de su ideología de izquierdas desde la seguridad de paises democráticos. Recuerdo que a Jomeini lo idolatraban casi tanto como a Mao Zedong. También recuerdo el gran silencio que mantuvieron sobre Ceausescu. Y esta, es la izquierda. Mientras señala a los demócratas como infernales y avariciosos capitalistas o imperialistas, protege y promociona a totalitarios en nombre de la “libertad”.
Otra cosa realmente curiosa, es que ese feminismo de “pronombres y de hombres” (que dicen ser mujeres) no ha dicho ni pio sobre la represión salvaje y el sometimiento de las iranies. Por lo que sea, estas no son “hermanas”. ¿Eso no es machismo? A no, si el abusón no es occidental, es un tema “cultural”.
Resulta difícil creer que en toda esta complicidad solo prime la ideología. De hecho, no hay quien se lo trague. El olorcillo que desprende es, a dinero.
Si la revuelta triunfa y los del turbante y las barbas tienen que salir “por patas” de Irán, para eso de la transición y tal, tienen un rey a mano. Qué feliz coincidencia.
Eso de tener un rey viene muy bien. Que nos lo pregunten a nosotros. Lo que acabe siendo la monarquía, es otra historia.
Pueden ocurrir dos cosas. Que los clérigos se larguen y se instaure una monarquía parlamentaria y democrática con el beneplácito del imperio, o que el régimen finja soltar las riendas y en unos meses se vuelva a las andadas, como en Marruecos.
Hagan sus apuestas.












