Gibraltar, si es inevitable, relájate y disfruta.

A todos los que tenemos cierta edad, las palabras «no te resistas e intenta disfrutar» resuenan en los recuerdos de un pasado ya superado pero aterradoramente cercano.

Al eco de momentos de acoso y violencia que hoy nos espantan, al comprender que hubo una sociedad capaz de aceptarlo, y que nos recuerdan un tiempo en el que se asumía como normal una realidad que hoy nos horroriza haber siquiera considerado algo con lo que convivir.

  • Hoy, en España aceptamos casi sin preocupación algo que es propio de tiempos pasados, una imposición colonial

Y sin embargo, hoy, en España aceptamos casi sin preocupación algo que es propio de tiempos pasados. Una imposición colonial, algo que el consenso internacional rechaza de plano de plano desde hace décadas, y de la que sólo quedan algunas rancias reliquias como Gibraltar.

Hubo un tiempo en el que las grandes potencias tenían todo tipo de excusas, un amplio repertorio de frases hechas y retóricas vacías, con las que justificar y normalizar un dominio imperialista sobre el territorio de estados o pueblos más débiles.

La Civilización, la Instrucción, la Cultura, los avances técnicos y económicos, la sofisticación política y administrativa… eran exhibidas como «regalos» de Occidente al mundo.

La colonización era así presentada como una relación «quid pro quo», en la que el sometimiento nacional, y la descarnada rapiña de los recursos territoriales, productivos y laborales, se entendía «sobradamente compensado» con esos «presentes» que las potencias coloniales llevaban consigo.

La segunda mitad del siglo de siglo XX sacó al mundo de ese error.

Desde 1960 el mundo se ha liberado de los resultados más obvios y dramáticos del imperialismo, pero en la avalancha descolonizadora algunos enclaves han permanecido por encima del nivel de la liberación del colonialismo.

Entre esos enclaves un trozo de España, Gibraltar. Y eso nos obliga a ser testigos asombrados, de nuevo, de las frases hechas, de las excusas vergonzantes, de las retóricas rancias de un mundo ya superado.

  • Espectadores de las campañas de «normalización» del hecho colonial en territorio español, reconocido como tal por la ONU desde hace medio siglo

Espectadores de las campañas de «normalización» del hecho colonial en territorio español, de la propaganda, de la publicidad mediática, de la construcción, usando la terminología actual, de un «relato», que justifique, explique, facilite, y en resumen, normalice, haciéndolo asumible e inevitable, una situación en la que una parte del territorio español, reconocido como tal por la ONU desde hace medio siglo, esté bajo dominio colonial de otro país.

  • Algo inaudito que en 1986 se pudo llegar a sufrir como resultado indeseado de una común pertenencia a la Comunidad Europea, pero que ahora, con el Reino Unido voluntariamente apartado de ese sueño europeísta, es, sin más medias tintas, un descarnado regreso a las realidades coloniales de principios del siglo XX.

Y todo esto es particularmente triste cuando caemos en la cuenta, porque eso es una realidad incontestable a todos los efectos, de que:

  1. España está en condiciones de integrar sin dificultad alguna a Gibraltar en España y Europa sin perder la idiosincrasia británica de Peñón y sus realidades políticas e institucionales.
  2. España está sobradamente capacitada para dar respuesta a las preocupaciones de seguridad de Occidente, del Reino Unido, de los Estados Unidos y de Israel, en ese punto geoestratégico clave que es el Estrecho.
  3. España es el marco en el que fusionar Gibraltar y La Línea para convertirlas en uno de los más importantes focos del desarrollo y la prosperidad del Mediterráneo Occidental.

Pero no, el egoísmo de unos pocos privilegiados, o favorecidos, o aprovechados, nos condena a todos al enfrentamiento, y a vivir en un riesgo constante de rivalidad, enemistad y conflicto.

Y en toda esta sinrazón podemos entender a los gibraltareños, a quienes el estatus colonial les impulsa a una renta per cápita estratosférica, a nivel de los enclaves más ricos del planeta.

  • Podemos entender al Reino Unido, que disfruta de una base militar en un espacio central de la geoestrategia mundial.
  • Podemos entender a Estados Unidos, que puede usar a conveniencia ese espacio sin coste para sus juegos militares y diplomáticos.
  • Podemos entender a esos miles de españoles que sostienen el nivel de vida gibraltareño con su trabajo, a costa de verse desplazados y desposeídos de los beneficios sociales y laborales del Peñón, a los que contribuyen con sus impuestos y cotizaciones, despreciados por esos yanitos que hablan despectivos de «ponerles un pato en la mesa» como en tiempos del apartheid descarnado que fue La Línea en los años 50 y 60 del siglo pasado.
  • Podemos entender a quienes reciben algo del colonialismo al que España se ve sometida. Pero lo que nunca podremos entender, y quizás nunca podremos perdonar, es la estúpida y malvada complicidad del gobierno español, de muchos medios de comunicación y, por qué callarse, de una parte importante de la sociedad española, que al socaire de unos inefables «beneficios» del colonialismo, y amparados por un difuso «desprecio» a la idea de España, se afanan en explicar, facilitar, justificar, y en resumen, en normalizar, el hecho colonial en España.

Y el Brexit y sus consecuencias ha sido un ejemplo perfecto de ello. La salida del Reino Unido de la UE implicaba para Gibraltar perder de raíz los cimientos de sus modelos y sistemas de parasitación fiscal, financiera y económica de la economía española.

  • Fuera del Mercado Único, y perdida la libertad de movimiento y residencia, Gibraltar se veía condenada a ser un residuo colonial equivalente a las Islas Vírgenes o las bases británicas en Chipre, a languidecer mientras veía los cimientos de su prosperidad hundirse.

Pero no contábamos con el gobierno español. Con la «decidida» intervención de los sucesivos gobiernos desde 2016, que se han aplicado, con singular éxito, a «amortiguar» las consecuencias que un brexit salvaje iban a traer a los gibaltareños.

¿Libertad de movimiento?

España reconocerá los permisos de residencia de los británicos en España unilateralmente.

¿Se colapsarán los servicios sociales?

España aceptará los documentos británicos, los títulos profesionales y académicos, dará servicios médicos y educativos, respetara derechos laborales y políticos a los británicos en España sin esperar un acuerdo del Reino Unido con la UE.

¿Conflictos en las aguas españolas en torno a Gibraltar?

España permanecerá en silencio ante los manejos anglosajones en el área del Estrecho.

¿Problemas financieros y fiscales?

España acepta firmar un Tratado fiscal con Gibraltar. Un tratado que reconoce la autonomía y jurisdicción de administración y tribunales gibraltareños. A cambio de un difuso derecho de supervisión bancaria, fiscal y societaria que estará bajo la jurisdicción… de la administración y tribunales gibraltareños que España reconoce.

¿Que habrá problemas aduaneros y «fronterizos»?

No hay que preocuparse. España está discutiendo con Gibraltar un acuerdo aduanero independiente que eliminará los controles de tercer país y permitirá movimientos de personas y mercancías en condiciones equivalentes a las actuales.

  • Bien puede decir la Cámara de Comercio de Gibraltar que la situación de Gibraltar ante el brexit que viene es la mejor de las posibles, y que España asegura al Peñón conservar todas las ventajas y beneficios de la relación con el Campo de Gibraltar

Bien puede decir la Cámara de Comercio de Gibraltar que la situación de Gibraltar ante el brexit que viene es la mejor de las posibles, y que España asegura al Peñón conservar todas las ventajas y beneficios de la relación con el Campo de Gibraltar, con Andalucía, con España y con la UE, pase lo que pase con el brexit.

  • España seguirá aceptando ser parasitada fiscal y económicamente por la colonia, para mantener el «plato en la mesa» de unos miles de camareros, limpiadores, trabajadores de la construcción y el comercio

España seguirá aceptando ser parasitada fiscal y económicamente por la colonia, para mantener el «plato en la mesa» de unos miles de camareros, limpiadores, trabajadores de la construcción y el comercio, para asegurar los beneficios de un centenar de pymes del Campo de Gibraltar, y para salvaguardar esa herramienta formidable de unas decenas de grandes empresas españolas, que necesitan un «sombrero de copa» en forma de Peñón en el que ocultar sus pases de mano fiscales y sus conejos empresariales.

Mientras, España se ve condenada a sufrir, al menos hasta que llegue una nueva generación más animosa, el rancio y anacrónico vasallaje colonial que soporta. Nuestras autoridades ahora sólo nos ofrecen una idea para normalizarlo: Relájense, y disfruten el colonialismo. No merece la pena resistirse.

Artículo escrito colaboración por Gibraltar Español