Ferrán Nuñez, Cuba cara a la Hispanidad en el siglo XXI

Ferrán Nuñez #SemanaDeLaHispanidad2019 .Mientras la sociedad civil en la isla no encuentre la manera de organizarse fuera del marco institucional de la dictadura será difícil hacer pronósticos realistas sobre lo que realmente desea la población dentro de Cuba.

Más allá de la satisfacción de sus necesidades básicas, la gran mayoría de los cubanos no tienen tiempo ni ganas de pensar en un proyecto político nacional a corto plazo, y mucho menos a escala generacional, tal y como lo pidió recientemente desde Buenos Aires, Javier Ortega Smith.

La oposición de la isla, marginada, discriminada y vilipendiada por el régimen, comparte con las élites españolas una lectura falsa de la historia de la Hispanidad.

Si a esta problemática de fondo, se le añade el hecho de su dependencia económica del exterior, sumada al contubernio histórico de los gobiernos de España y sus agentes económicos con la dictadura, parece muy poco probable que algunos de sus líderes apueste abiertamente en lo inmediato por un proyecto hispanista a escala continental.

Dicho esto, no es menos cierto que el mundo sigue girando, por tanto, es lógico suponer que en algún momento se produzcan cambios que vengan a modificar sustancialmente el panorama actual.

las modificaciones sociales en la isla no han sido el resultado de procesos naturales, sino que han sido impuestos por las élites económicas. Ocurrió a principios del siglo XIX, con la implantación de la economía de plantación.

A finales de siglo, con algunos matices, sucedió algo similar pues los notables de la isla, tanto los nacidos en Cuba como en España, acabaron organizando una transición pactada con el gobernador norteamericano, cuyo objetivo era el de fabricar una nación nueva, separada de sus raíces españolas, consideradas como un lastre para el desarrollo capitalista por las élites cubanas.

La llegada de Fidel Castro, supuso una modificación significativa dentro de ese esquema, pues por primera vez en la historia de la isla, el proceso revolucionario que él encabezó tras asesinar y exiliar a sus opositores, fue una respuesta auténticamente popular a los disfuncionamientos de todos los órdenes que aquejaban a la República.

Que Castro y sus secuaces acabaran imponiendo una dictadura comunista de sesenta años que todavía dura, ha sido un proceso largo pero que sólo pudo cristalizar en un mundo bipolar como el de mediados del siglo pasado.

Sin la Unión Soviética, a Castro le hubiera sido muy difícil mantenerse en el poder, tal y como ocurre actualmente en Venezuela donde todavía coexisten estructuras independientes que, poco a poco, han sido capaces de articular una oposición que se encuentra a punto de revertir el chavismo.

Es probable que tras un periodo inicial de euforia revolucionaria, las aguas también hubieran vuelto a su cauce en la isla sin mucha ayuda exterior.

Sabemos que las cosas no salieron como se imaginaron todos aquellos que apoyaron inicialmente el castrismo.

También es evidente que quedan muy pocos de los responsables de la debacle, para justificar sus actos, o lamentar los despropósitos que ha conducido a una nación prospera y en construcción en 1959, a niveles insospechados de desintegración, pobreza y depauperación en todos los órdenes. Lo que sí parece evidente es que ninguno de ellos rendirá cuentas ante un tribunal.

En este contexto, deletéreo y complejo, no parece propicio para los grandes experimentos sociales; sin embargo, siempre cabe albergar alguna esperanza.

En primer lugar porque el contexto internacional arropa cada vez menos una dictadura que, se va quedando sin apoyos consistentes ante la aplanadora que representa la dominación económica de Estados Unidos en el orden mundial.

Ferran Nuñez, Con España estábamos mejor. Video

La isla depende cada vez más de las migajas del imperio que más detestan sus élites –al menos de boca para fuera-; por ejemplo, sin las remesas que envían cada año sus exiliados, hace mucho rato que la ecuación cubana se habría resuelto por un estallido popular.

En segundo lugar, porque a pesar de los discursos tremebundos y las declaraciones de principios de los actuales gobernantes, la localización geográfica de Cuba la hace objeto de todas las apetencias.

En fin, porque su economía sin grandes recursos naturales propios, jamás ha sido autosuficiente.

Por esas razones, aunque no se suela afirmar abiertamente, la isla sigue estando condenada a encomendarse a potencias mayores para conseguir una soberanía formal que permita a sus moradores el gozo de ciertas libertades para prosperar sin perder su identidad.

La fórmula mágica, creyeron encontrarla los autonomistas en el siglo XIX. Cabe pensar que esta hubiera salido a flote, de no haber sido por el estallido de la guerra civil y la posterior intervención de Estados Unidos.

No es casualidad que el paréntesis autonómico sea el más denostado por la historiografía insular, que ha enterrado cuidadosamente en el olvido a aquellos hombres que preocupados por el interés general, tuvieron clara la maldición que pesaba sobre un territorio “Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.

Todas las opciones políticas concebidas por el ser humano desde la revolución francesa hasta ahora se han aplicado en Cuba.

Ninguna ha tenido éxito. Sin embargo, lo bueno que tiene el desastre actual es que cualquier persona con dos dedos de frente puede constatarlo sin mayores dificultades.

Incapaces de gobernarse a sí mismos, de sustentarse solos o de adelantarse a los acontecimientos para influir en su destino, la isla y todos los cubanos que en ella residen, volverán a formar parte de una entidad política mayor que, fatalmente los absorberá, en caso de desórdenes sociales mayores.

Es en este contexto que España, si lo quisieran sus élites, podría recuperar a Cuba en el marco de un acuerdo global entre Europa y Estados Unidos, quienes lejos de las rencillas habituales, seguirán siendo aliados estratégicos a mediano y largo plazo. Cuba, considerada como un territorio ultra periférico de la Comunidad Europea en el Caribe, no tendría que renunciar ni a su identidad hispánica, ni a los “logros” sociales que el castrismo ha defendido a lo largo de todos estos años.

Las modalidades de esta reunificación de razón y los caminos para conseguirla están por discutirse, pero no serían difíciles de imaginar en un programa concebido dentro de una negociación civilizada, donde todas las partes encontrarían solución a sus problemas más urgentes.

El de los cubanos, salir de la pobreza y de la dictadura, sin pasar por un probable estallido popular y una nueva intervención de Estados Unidos.

Con la vuelta de Cuba, aunque sea dentro del marco europeo, España podría convertirse en una nación más influyente dentro del continente.

Por otra parte, las tensiones nacionalistas dejarían de tener sentido en ese nuevo contexto, mientras que las exportaciones excedentarias españolas podrían tener un mercado seguro.

En cualquier caso, la reunificación de la isla sería buena para la economía española a largo plazo y más adelante, con los líderes adecuados, podría convertirse en una etapa para la construcción de un bloque mayor: la Hispanidad.

Ferrán Nuñez.
Ferrán Nuñez #SemanaDeLaHispanidad2019