¿Qué pasa en la «Dipu»? (Imelsa versus Divalterra), opinión semanal en Valencia News de Ferran Gil.

Es de dudoso y discutible talante democrático el comportamiento de ciertos políticos en los constantes hechos y declaraciones, protagonizados últimamente, aunque de siempre existieron. Acciones que ya tendrían poca justificación si fueran realizadas por militantes o miembros de base, pero que se reduce a nula por completo, cuando se trata de cargos de relevancia y responsabilidad, ya no solo dentro del organigrama de partido, sino del sistema que rige los destinos de una nación o comunidad. O sea, los que deberían de dar ejemplo tanto al pueblo, votantes o no, a los que representa, como a los afiliados del propio partido.

La semana pasada, parece ser que batiendo récords (y no me refiero a cifras pandémicas) entrabamos en la semana de la jeta y la caradura. Pues al conocido asunto de la vacunación tan irregular como deleznable, extendida desde el seno político a estamentos militares, judiciales, eclesiásticos o sindicales entre otros, hay que sumar casos tan o más graves, donde se pone de manifiesto que la desfachatez y la poca vergüenza no tienen límites.

Jorge Rodríguez

Leo con estupor la siguiente frase «no preocupa prevenir incendios, sino si los nuestros podrán entrar» palabras salidas de la boca de Jorge Rodríguez expresidente de la Diputación de Valencia y en su día expulsado por su partido socialista, que aparecen en la investigación judicial de la fiscalía anticorrupción que lo delatan, por lo que está siendo procesado, acusado de presuntos delitos de prevaricación y malversación en la empresa pública de la entidad provincial Divalterra, fiel heredera (no se en gestión, pero si en lo que se refiere a chanchullos y fraudes) de la antigua Imelsa.

O sea el despido de 30 personas por no ser afines, para colocar a los correspondientes amiguetes del PSOE y Compromís, incluso creando puestos de trabajo a la carta y encima de forma al parecer irregular. Enchufismo puro y duro digital, pero sin ordenador, a mano de la que le faltaban por lo visto dedos ante la avalancha de compromisos en las contrataciones con tufillo de ilegalidad. Y encima se ofende con el sistema judicial al considerarse indefenso, afirmando que le están «amargando la vida», cuando el mismo se la amargó con tan repudiable proceder, sin pensar que le podían pillar con el carrito del helado.

Rosa Pérez Garijo

Casi al unísono salió a la luz otra perla, en esta ocasión de la afilada lengua de la Consellera de Transparencia Rosa Pérez Garijo de EU, diciendo «si mi caso va a más, significaría que la justicia no funciona» porque se siente perseguida por la misma cuando la llaman a declarar de nuevo por un turbio asunto en relación de contrataciones de dudosa legalidad de asesores zombis (aquellos invisibles que cobran sin trabajar) en su época de diputada y curiosamente relacionado con el caso Imelsa. Más mangarrufas, artimañas y corrupciones.

Además este personaje tiene en su haber de diputada el negativo «honor» de ser la primera, en más de cien años, que negó las instalaciones del Teatro Principal a Lo Rat Penat para celebrar como allí es habitual sus tradicionales Jocs Florals. Emblema máximo exponente cultural de la literatura valenciana. Aduciendo que era «un simple reparto de premios», desprestigiando los mismos con una intolerable y supina ignorancia impropia del cargo, cuando en realidad fueron causas personales y políticas, no exentas de una evidente falta de tolerancia hacia una institución que en tiempos donde su partido comunista era ilegal, le abrió sus puertas para que en ella pudiera realizar sus reuniones clandestinas.

Algo muy normal teniendo en cuenta el talante constitucional de una entidad como la Societat d’Amadors de les Glòries Valencianes, fundada por Constantí Llombart republicano, Teodor Llorente conservador i Feliu Pizcueta liberal, que seria su primer presidente. Todo un modelo ejemplar de tolerancia, por lo visto desconocido por Pérez Garijo, que les pago con la moneda de la negación.

Poco respeto por la judicatura de los políticos

En definitiva ese es el proceder y respeto que tienen por la judicatura unos responsables políticos que no están a la altura de sus cargos con esa famosa doble vara de medir con distinto rasero. Aquello de «lo que yo hago siempre está bien, y si hacen lo mismo mis oponentes, esta mal». Y nada de avergonzarse y reconocer sus errores por escandalosos que estos sean con sus correspondientes trapicheos.

Más poco se puede esperar de ellos, si luego sale a la palestra su «jefa», la de la moral ética y estética, defendiéndolos a capa y espada. Al tiempo que los esculpa de todo por ser de su cuerda botànica.

En el fondo se diferencia muy poco de los pelotas y palmeros.

¿Qué pasa en la «Dipu»? (Imelsa versus Divalterra)

Ferran Gil: A mi aire