Luces. Opinión semanal en Valencia News de Ferran Gil.

Pues sí, de cuando en cuando me subo al carro de escribir sobre la más rabiosa actualidad, aunque no soy muy dado a ello.

Una de las palabras más utilizadas desde que nos atacó está maldita pandemia de la Covid, es la de esencial, que según la RAE significa «que es importante y necesario de forma que no se puede prescindir de ello». Y en este parámetro supongo entrará la luz a no ser que pretendan hacernos retornar a las velas, candiles y fogatas.

Más, debe considerarse servicio básico cuando, conocedores de ello, de forma oportuna y aprovechada han aparecido las empresas eléctricas a fijarnos unas nuevas tarifas en los ya de por sí inentendibles y farragosos recibos. Donde por medio de según dicen un novedoso sistema a la carta, pretenden cambiar usos y costumbres de la ciudadanía, con la excusa de un falso ahorro, que no solo les permitirá aumentar las escalofriantes cifras de beneficios de sus rebosantes arcas, sino que afectarán a los escuálidos bolsillos de los más desfavorecidos.

Porque ni los mismos expertos de las diferentes asociaciones de ayuda y defensa del consumidor ven nada clara la fórmula de estas supuestas rebajas que ofertan como chollo a bombo y platillo.

Lo bien cierto es que desde las compañías de energías eléctricas nos animan a realizar las tareas domésticas en franjas horarias nada comunes, con el fin de ajustarnos a su nueva ocurrencia, aduciendo unas considerables ventajas de tarificación en las facturaciones. Así en el uso de los electrodomésticos que necesitan de potencia y energía, a modo de ejemplo, invitan a poner en funcionamiento lavadoras y lavaplatos a partir de la media noche y hasta las ocho de la mañana.

Servidor es noctámbulo vocacional y no tendría ningún problema, pero no creo le haga mucha gracia a esa mayoría de la población que madruga por imperativos laborales. Eso sin contar lo de acostumbrarse a conciliar el sueño con el ruido que suelen emitir alguno de estos aparatos. Pero más complicado aún resulta poner en marcha el horno o la vitrocerámica en dicha horquilla relojera. Vamos, ni por antojo de un resopón, que no necesita de tales artilugios. También, generosos que son, ofrecen la opción de esa tarifa plana y económica en fines de semana y festivos. Pero ¿No quedamos que esos días son y se consideran de descanso?

En definitiva, para luces la de estos jerifaltes responsables y sabiondos de las multinacionales del sector, que lo mismo piensan nos están echando un cable entre tantos enchufes y ladrones (matizando, pieza con tres entradas de hembra para uso al mismo tiempo de más de uno) indispensables para el funcionamiento de un engranaje que, paradójicamente, puede tener más sombras que claros.

Todo, menos luz y taquígrafos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ferran Gil: A mi aire