Fernando de Rosa “El fantasma Social-Comunista”

“Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo”. Con estas palabras comienza el Manifiesto comunista escrito por Marx y Engels y publicado por primera vez en Londres en el año 1848.

El comunismo se reivindicaba de esta manera, como fuerza reconocida por todas las potencias europeas, y lanzaba al mundo su propuesta para cambiar la sociedad sobre la base de la lucha de clases.

Ese fantasma se extendió por todo el mundo, y en los países que acogieron ese modelo, llegaron las dictaduras, la hambruna y la vulneración de derechos humanos.

  • Uno de los países que sigue sufriendo el azote inmisericorde de esta ideología es Cuba.

7Desde hace décadas, se vulneran los derechos humanos y el país ha sido conducido a la ruina en todos los sentidos.

Las libertades y los derechos están embargados en Cuba. Pero el hartazgo ya se ha producido en la población, y los ciudadanos cubanos han salido a las calles para reivindicar lo que el comunismo les niega: libertad.

Mientras, el Gobierno de España, se niega a reconocer que Cuba es una dictadura. Pedro Sánchez es rehén de los comunistas instalados en su Gobierno y sorprenden los malabarismos dialécticos del presidente y de sus ministros para no reconocer la verdad: Cuba sufre una dictadura despiadada.

  • El comunismo no es el único fantasma que recorre nuestra nación.

Los radicales e independentistas, tienen los mismos rasgos de opresión de la libertad, creación de desigualdad y fractura social. Y lo más grave y preocupante es que el sanchismo se ha alineado con estos postulados excluyentes.

La radicalización del Gobierno social-comunista se ha puesto en evidencia con la reciente sentencia del Tribunal Constitucional en la que se ha declarado inconstitucional el instrumento normativo que se utilizó para llevar a cabo “una limitación extrema y radical de derechos”.

  • La imposición del confinamiento careció de encaje constitucional.

Es evidente que la pandemia generada por la Covid-19 obligaba a adoptar medidas extraordinarias para contener su transmisión y evitar el colapso del servicio público de salud. Que la situación fuera excepcional no justificaba, en ningún momento, que el Gobierno pudiera vulnerar el marco normativo y constitucional. La imposición del confinamiento careció de encaje constitucional.

  • El derecho fundamental a la libre circulación, de facto, quedó suprimido. En definitiva, se produjo un vaciamiento de los derechos fundamentales.

La Covid-19 había generado una grave alteración del orden público que hubiera motivado la declaración del estado de excepción. Sin embargo, el ego de Pedro Sánchez le llevó a decretar el estado de alarma, declaración que no requiere del debate previo y autorización por parte del Parlamento.

Esa es simplemente la razón. Sumemos a ello, las comparecencias solemnes en sus homilías laicas dominicales o la manipulación de los datos de la pandemia, y Pedro Sánchez ya tenía la salsa perfecta para cocinar su imagen de hombre de Estado. No olvidemos que también el President Puig recurrió a esas mismas técnicas.

De hecho, un reciente estudio de profesores de la Universidad de Valencia ha puesto de manifiesto que la Generalitat valenciana, a través de su Conselleria de Sanitat, maquilló los datos negativos de la pandemia durante el confinamiento.

La deriva en la que se ha instalado el sanchismo, empujado por sus socios comunistas, les ha llevado a atacar de manera directa e injustificada al Tribunal Constitucional. Desde hace tiempo, el fantasma social-comunista instalado en España quiere imponer al Poder Judicial cadenas que le impidan cumplir con la función que la Constitución le encomienda: proteger los derechos fundamentales y las libertades públicas, defender el orden constitucional y controlar de la actuación de la Administración pública.

  • El gobierno no quiere que nadie le controle.

En esa campaña de acoso y derribo a la judicatura hay que encuadrar también la limitación de las funciones del Consejo General del Poder Judicial, y los ataques al Tribunal de Cuentas. Las ideologías radicales necesitan desactivar o debilitar al poder judicial para poder alcanzar sus objetivos.

Es hora de que se abran las ventanas y que nos abandonen los fantasmas que atormentan nuestra convivencia y régimen de derechos. La pesadilla debe acabar, porque no es de recibo que el Gobierno no respete el marco constitucional y haya llevado a cabo un embargo de las libertades y derechos de los ciudadanos sin amparo legal y constitucional. Un espíritu es el que debe recorrer nuestra democracia, el de la libertad y el respeto a los derechos de los ciudadanos.