Se derrumban las pasarelas, los trenes descarrilan y las carreteras convertidas en caminos de cabras.
Nos inundamos porque no se hacen las obras necesarias y después se abandona a los afectados. Se incendia medio país y la gente tiene que salvar sus casas porque el Estado se desentiende. Se produce un apagón por la avaricia de unos y la pésima gestión de todos. ¿Y pasa algo? No. Cero responsables, cero consecuencias para quienes han actuado mal o no han hecho su trabajo. Las únicas consecuencias y así contando por encima son, doscientos veintinueve muertos -que se sepa- en la riada.
Se dice que ocho en el apagón, cuarenta y siete en el accidente de Adamúz y ahora seis chavalines en Santander. Total, y contando muy por encima, sin profundizar, cerca de trescientos muertos.
Trescientos muertos sin justicia. Trescientas muertes evitables.
Todo por el pésimo estado de las infraestructuras y la absoluta inutilidad de los responsables. Y esto no es nuevo, no son solo los últimos y devastadores siete años. Esto viene de hace más de veinte años. Cuando se paró el plan hidrológico nacional, se sentenció a muerte a los doscientos veintinueve fallecidos en la riada. Cuando se puso en manos de políticos la red ferroviaria, en vez de en manos de técnicos, se sentenció a muerte a cuarenta y siete personas. Cuando la avaricia se desbocó con las renovables se sentenció a muerte a los que necesitaban un respirador durante el apagón. Cuando se deja lo importante en manos de inútiles codiciosos, todo se derrumba.
¿Dónde está el dinero de nuestros impuestos? Es la pregunta que nos hacemos muchos. Lo que es seguro es que no está donde debería estar.
Los escándalos se amontonan. Ya no salen en cuestión de días, es cuestión de horas. Vemos cómo todas las instituciones fracasan estrepitosamente hasta en lo más simple. ¿Es esto una democracia? ¿Es este ese régimen justo en el que hay libertad? De hecho, no. No hay libertad si no puedes salir a la calle sin miedo a que un salvaje te viole y quizá te mate. No hay libertad si no te atreves a alquilar una vivienda por miedo a que te la roben. No hay libertad cuando no te atreves a decir lo que piensas porque te pueden meter en el trullo. No hay libertad cuando los impuestos se comen la mitad de lo que ganas y se te coacciona desde el estado para que pagues, so pena de cárcel o de que arramblen con todo lo que tienes.
No hay libertad cuando hay impunidad para unos y represión para otros.
No hay libertad cuando se hace con tu dinero lo que le pasa por el arco a cuatro politicuchos. No hay libertad si no te puedes informar. No hay libertad cuando la mayoría de los medios de comunicación son órganos de propaganda. No hay libertad si te mienten. No hay libertad cuando en esa papeleta que metes cada cuatro años en una urna, figuran los nombres de gente que tú no has elegido. Gente que no conoces. No hay libertad cuando todos los ocupantes de ese enorme pesebre que son las cortes votan según indique el líder del partido.
Y lo más importante de todo, es que no puede haber libertad, cuando no hay mecanismos que permitan corregir todo esto.
Meter una papeleta en una urna solo sirve para que los amos de España se turnen. Si tenemos suerte sus corruptelas no nos afectarán más que en el bolsillo, pero si como ahora, se nos cuelan en el gobierno inútiles, ladrones y todo tipo de indeseables, lo pagamos no solo con dinero. Lo pagamos con nuestra vida.
Récord de recaudación y España se cae a pedazos. Récord de recaudación y tenemos los peores servicios públicos de los últimos cincuenta años. Récord de recaudación para alimentar mafias de tráfico de seres humanos.
Récord de funcionarios y demás gente que vive del Estado.
Y no podemos hacer nada. No podemos desalojar ese nido de parásitos que son la mayoría de las instituciones, porque se vote el partido que se vote, ninguno está dispuesto a cambiar nada.
Lo sensato es admitir que vivimos en un país profundamente anti democrático, dominado por una dictadura de partidos. Saqueado y parasitado por una clase cada vez más numerosa de privilegiados, que vive a costa de los demás. Todo bien tapadito con consignas y engaños. Todo recubierto de una pátina de falsa libertad.
España se cae a pedazos desde hace mucho tiempo, pero es ahora cuando vemos el fondo del barranco con claridad. Porque cuando empieza a haber muertos es que se ha tocado fondo.











