España está casi desmantelada. La explicación a todos los despropósitos, abandonos y mal funcionamiento de casi todo tiene una explicación muy sencilla. En realidad, la cosa es muy simple. No hay planes secretos, ni conspiraciones en la sombra. Lo que ocurre es que estamos gobernados por una clase política totalmente incompetente, sin formación (en muchos casos, con titulación inventada) y sin ninguna experiencia.
Gente que no ha trabajado en nada que no fuera medrar en el partido y conseguir “carguitos”.
Tras la riada, pasaron días antes de que se mandara ayuda. Cuando apareció esa “ayuda” eran un ejército de forenses y policía de todas partes. A pesar de tener policías de todo el territorio nacional, los polígonos industriales fueron saqueados. También las casas y los coches, que aun se venden por piezas o se recuperan y se venden hasta en Wallapop. Todo sin ningún control. La DGT no te deja dar de baja tu coche, ha de hacerlo un desguace. Con lo cual, si el desguace “se olvida” usted pagará impuestos por un coche desguazado, en el mejor de los casos.
Los polígonos industriales y los centros comerciales fueron saqueados durante días. ¿Cómo es posible? se preguntará usted. ¿Dónde estaba toda esa policía? Pues por lo que yo pude ver y comprobar(y aquí hablo de mi experiencia, nada más) estaban en las entradas y salidas de los municipios afectados, parando todo vehículo que intentara entrar o salir. Vehículos con comida y agua. El que tenía un coche iba a Valencia a comprar comida para él y para quien pudiera. Y lo que se encontraba eran retenciones. Trayectos de quince minutos se convertían en trayectos de horas. El descontrol y la absoluta falta de coordinación y eficacia, era total. Podría seguir, pero creo que todo aquel que no quiera engañarse sabe lo que hubo y todavía hay.
Ahora se han producido incendios y tampoco hay respuesta del Estado.
Vecinos abandonados luchando contra los incendios con sus escasos medios. Lo mismo que ocurrió en Valencia. Las “autoridades” de vacaciones, los responsables de vacaciones y los que deberían hacer ese trabajo (la extinción de esos incendios) casi seguro que también están “esperando órdenes”. Y lo peor, algunos esperando no recibirlas, porque no cuentan con medios para hacer su trabajo.
Récord de impuestos. ¿Dónde está el dinero?.
Pues seguramente llenando las cuentas de empresas como Servinabar. Pagando sueldos de miles de asesores de los que nadie va a dar razón ni explicación. Pagando hoteles a miles y miles de ilegales. Pagando sueldos a supuestos funcionarios con títulos falsos, pagando sueldos a miles de políticos inútiles por aplaudir como focas en el congreso, el senado y todo multiplicado por diecisiete.
“Los milagros del jornal”.
Así es cómo se puede explicar que presidentes o expresidentes, que llegaron a la política con sueldos de abogado (con suerte) acaben siendo multimillonarios, con palacios en Marruecos y villas en República Dominicana. No contentos con cobrar sueldos desorbitantes, se montan empresas y todo tipo de chanchullos para seguir saqueando las arcas públicas. Obras de presupuesto infladísimo adjudicadas a dedo. Obras deficientes en muchos casos. Presupuestos millonarios para acondicionar y desbrozar zonas como los barrancos, desperdiciados en pagarle el sueldo a las cuatro sabandijas del partido, ese que durante ocho años no hizo absolutamente nada útil. Y estas son solo algunas de las grietas por dónde el dinero se va.
Pero sin duda lo más terrorífico es el estado lamentable de los ministerios e instituciones, en manos de incompetentes.
Cosas como el tren de alta velocidad que funcionaba muy bien , puedo asegurarlo pues lo utilicé mucho, se ha convertido en un servicio tercermundista. La sanidad está cada vez peor. Por ejemplo, de seis meses a un año de espera para una colonoscopia. Pero no pasa nada, porque nuestra rabia y frustración, se canaliza con asombrosa eficacia en redes sociales hacia tertulianas odiosas. Nos ponen el capote delante y entramos al trapo. La guerra se hace con opiniones y zascas, todo muy civilizado. Mientras, España se hunde porque sus cimientos ya no pueden soportar la podredumbre. Mientras discutimos y jaleamos a nuestro bando como auténticos hooligans, nuestras casas y nuestros bosques arden sin control. Las infraestructuras destruidas siguen sin reconstruirse, la delincuencia se dispara, te pueden robar tu casa sin consecuencias y ¡Ay de ti! Si eres victima de un crimen, porque no vas a recibir justicia.
Las redes sociales están plagadas de gente asalariada para agitar el avispero, porque mientras eso ocurra en una red, no ocurrirá en la calle.
Están plagadas de gente ofreciendo todo tipo de conspiranoias, que a veces contienen algún dato de verdad, pero que queda inundado por todo tipo de desbarres. Esto resulta muy útil a los creadores de relatos, tan útil que a veces parece preparado. Hemos de ser muy críticos con todo esto. Las mentiras siempre son mucho más atractivas que la cruda verdad. La explicación más fácil suele ser la correcta. Si todo esto está ocurriendo, seguramente no es ningún plan urdido en las sombras. Lo más lógico es ver quien es responsable de qué y que hizo, que hace y que debería haber hecho. Mucho más sencillo.
Todos estos desastres tienen causas mucho más simples. Dejadez, avaricia, corrupción, desidia e inutilidad. Es pura incompetencia.
Pero claro, mientras la gente se entretiene en imaginar complicados planes conspiranoicos, no estamos señalando a los verdaderos culpables, que no son otros que las instituciones y las empresas públicas, o lo que es lo mismo, quienes están al frente de ellas y toman las decisiones. No hace falta buscar muy lejos. Porque mientras algunos (o muchos) se entretienen o ganan dinero en You Tube, especulando sin pruebas sobre todo tipo de teorías, los verdaderos responsables se ríen de todos nosotros. Se ríen porque este tipo de manifestaciones les sirven para ridiculizar a las víctimas y deslegitimar sus protestas. Les viene de miedo para poder colocar un sombrerito de papel de aluminio a todo aquel que cuestione su “relato oficial”. Llegará un momento en que gracias a esto la historia oficial omitirá la verdad y en su lugar, como siempre quedará el relato.
















