– Todo muy morado. Las mismas que van en primera fila tras la pancarta, son las mismas que cuando el baboso es de su partido se callan como…
Unas por un lado y otros por otro. Hay una parte del feminismo que de feminismo no tiene más que el nombre, y porque lo han usurpado. Lo forman todo tipo de personajes. Desde las señoras con el pelo de colores como un dibujo manga, hasta tíos disfrazados. Chicas que berrean consignas que no analizan ni un segundo. Los amigos gay, que tras “la manifa” se irán a un bar o a la peluquería a reírse de ellas.
Cocodrilos “aliades” en busca de “cacho”, y concurrencia que, si le preguntan, ¿qué es una mujer? Responden que eso es un constructo social. Gente que probablemente, no sabe qué es eso del “constructo”. Según ellas, ellos y “elles” ser mujer es un “constructo” y ser hombre un privilegio. Lo que no te explican es por qué algunos quieren ser un “constructo” renunciando a su privilegio. Misterios del universo.
La conclusión es que, en este sector, mal llamado feminismo, los que cortan el bacalao son los hombres que quieren ser mujeres. Curioso.
Este mismo sector asegura que el pañuelo en la cabeza te empodera una barbaridad. Que tu religión te imponga cubrirte de pies a cabeza, es de lo más liberador. Y lo gracioso es que te lo dicen los mismos que aseguran que un hombre sentado con las piernas separadas es un opresor.
Pues apunte usted esto. A los niños ya no los gestan y alumbran las mujeres, porque la biología está obsoleta y es opresora. Los niños los traen al mundo los “constructos”, previo alquiler de una persona biológicamente preparada para ello. Así que olvídese del día de la madre. Hasta que esta panda no designe un día del “constructo” yo no pienso felicitar a la madre que me parió.
Así tenemos que el mal llamado feminismo, el de color morado, no es otra cosa que el nuevo machismo. Anular a la mujer es su objetivo primordial, porque resulta tremendamente rentable.
De hecho, si yo quisiera imponer un régimen totalitario que obligara a las mujeres a vestirse de sombrilla, sin duda financiaría a esta panda. Lo hacen de maravilla. Fingen apoyar a un sector muy, muy minoritario para desposeer de derechos a la mitad de la población. El nutrido sector gay masculino infiltrado en este movimiento, el que realmente dirige el cotarro, se frota las manos a la espera de eliminar completamente a la competencia.
No cabe un tonto ni una tonta más. Su papilla ideológica retuerce la realidad para intentar dar sentido a todas esas sandeces. El verdadero feminismo, el que ha conseguido que hombres y mujeres sean iguales en derechos, les molesta mucho. Y la razón es que su intención oculta (la de los ideólogos, no los bobos y bobas que los siguen) es volver a situar a las mujeres en inferioridad. Si analizamos sus sandeces, veremos que todas ellas llevan este camino.
Lo de que cualquiera sea mujer y te la puedas encontrar orinando de pie en un lavabo público, ya es bastante. Pero no se conforman con eso.
Aunque la lógica más elemental te lleve a deducir que una imposición es eso, una imposición y por lo tanto coarta tu libertad, “lo del trapo empoderante resulta fascinante”. Sobre todo, porque lo de cubrirse el cabello, no tiene otra razón que la de no provocar la supuesta incontinencia del varón moruno. Es decir, que ir con el cabello al viento justificaría que ese supuesto ser irracional y salvaje que es el varón, tuviera justificado un ataque. Porque te lo has buscado tú. ¿Le suena?
Recapitulemos. Este supuesto feminismo, en realidad, promueve estas ideas:
Si cualquiera es una mujer, la mujer ya no existe, y si no existe da igual si tiene derechos o no.
Si el baboso o el pulpo es de su partido, lo tapan. Porque si es de izquierdas no se denuncia.
Una religión que claramente da superioridad al hombre y somete a la mujer, es “empoderante” para ellas. Es lo mismo que decir que pasar hambre te llena el estómago.
Y lo más “divertido” de todo, es que todos estos disparates se compran como un pack indivisible. Forman un dogma que está penado por ley discutir. Si llamas él a una “ella” se te cae el pelo.
Pues a mí este “feminismo” no es que no me beneficie, es que claramente me perjudica. Me gustaría mucho que se fuera diluyendo en su propia incoherencia.
Más que feminismo esto se podría llamar “Cualquierísmo”. Binario no binario o del Frente Polisario. Elija su juego como Antón Pirulero.











