Quizás no te suene el término, se lo acaban de inventar, por lo que es muy probable que no esté en el imaginario colectivo, pero el edadismo ha llegado para quedarse. Desde que el mundo es mundo, el ser humano crece y envejece, es ley de vida, si no existe la muerte, qué gracia tendría la vida… Y el ser humano ha convivido durante toda la vida con esto; conforme una persona se iba haciendo mayor, iba delegando en sus congéneres más jóvenes las tareas más arduas, para así él poder descansar y utilizar su experiencia en vez de sus manos.
Todos los jóvenes somos atolondrados, todos los jóvenes somos apasionados y enérgicos, pero, sobre todo, somos inexpertos. Ambos se necesitan el uno al otro
El joven necesita al anciano para que le enseñe en los errores que cometió y que aprenda más rápido, y un joven hará cosas que una persona mayor, por lógica, no podrá hacer. Que el cuerpo se deteriora con el paso de los años es una verdad incuestionable (por el momento), y no es que no se les deje hacer esas cosas, es que no deberían; es que, por respeto a nuestros mayores, que son quienes han levantado todo este país, no deberían seguir, ellos ya nos han dado demasiado y nos toca devolvérselo.
La experiencia es un grado que nadie desvirtúa. La experiencia te hace ir más rápido porque ya sabes lo que tienes que hacer, te ayuda a no perder el tiempo, te ayuda a ser más eficaz
Es como cuando un jugador de fútbol envejece: no es que no se pueda mover, es que él ha aprendido a ser igual de eficaz sin arriesgar en movimientos que ya no puede hacer. El jugador joven perderá balones, correrá hasta el último segundo, se enzarzará en todas las disputas, porque por juventud es lo que le corresponde, cosa que haría el otro jugador más experimentado, pero él sabe que ya no puede, que ya no está para esos trotes y no baja su rendimiento, sino que adecua su rendimiento a su situación.
Eso es la vejez: no es dejar de hacer cosas, sino hacer menos cosas con una mayor eficacia; dejar de hacer cosas porque te das cuenta de que pierdes el tiempo.
El joven está hecho para caerse, tropezar, pelear; el experimentado ya ha peleado todo lo que tenía que pelear. Esto es a lo que llaman “edadismo”, discriminación por la edad (hacen que la palabra se parezca lo máximo a racismo para que inconscientemente pienses que es igual de grave, lo que me parece una falta de respeto a las personas que han sufrido racismo). A una ley lógica y natural le dan el aspecto de injusticia.
En el telediario lo introdujeron como “Probablemente hayas sufrido este problema, pero no lo sepas”. NO. Si no lo sé, probablemente no haya tenido este problema, porque el problema te lo acabas de inventar y es una distracción lanzada desde los medios para variar
Cuando tenemos un problema, la mayoría de las veces somos suficientemente inteligentes para darnos cuenta; dejemos de tratarnos como niños entre iguales, dejemos de tratarnos como a un hermano pequeño que no sabe nada y que necesita que le digan cuáles son sus problemas, porque la mayoría de las veces son problemas creados ad hoc para el momento, perfectos para un consumo rápido y que se olvide en unas horas.
El problema no es que no haya trabajo para las personas mayores, el problema es que no hay trabajo, ni para los mayores ni para los jóvenes, porque hemos convertido este país en un infierno para los estudiantes, jubilados y autónomos, y sí, digo “hemos convertido”, porque aunque se hayan encargado de destrozarlo los de arriba, nosotros no nos hemos negado en ningún momento, por lo que les hemos legitimado.












