Luisa C. Perosán: Desheredados.
A la conocida polémica sobre el sistema de pensiones, ahora debemos estar pendientes de esa idea que ya flota entre los voceros a sueldo de la izquierda. Eso de que “la herencia es la base de la desigualdad”.
Está claro que ninguno de ellos, renunciará jamás, ni a la vajilla de porcelana.
Se quejaba Albert Pla, en un programa de radio, de que sus amigos pijos, esos descendientes de la burguesía catalana, iban a heredar. Esos que se han pasado la vida como la cigarra de la fábula. ¿Qué esperaba? ¿quién puede pegarse la vida de la cigarra? Pues está muy claro, ¡el que puede!. Y él, como sus compañeros de tertulia, alegremente hablaban de lo injusto que es, que tus padres te dejen una herencia. De lo injusto que les parece que un señor deje a sus hijos el fruto de su esfuerzo.
Estas ideas que parecen un mal chiste, no lo son. Son intencionadas. Son argumentos en lata, enviados desde los partidos de izquierdas. Esos partidos que te quieren sometido y de rodillas frente a “su” Estado.
Como Procusto, esta gentuza quiere mutilarnos hasta que todos encajemos perfectamente en los compartimentos de su granja.
Nos quieren pobres y dependientes. Nos quieren miserables.
Quieren impedir que los que nos jubilaremos dentro de pocos años, podamos heredar las propiedades de nuestros padres. ¿Porqué? En mi opinión hay varias razones. Pero la primera es robar, como siempre.
Como toda idea presentada como “algo igualitario”, lo que esconde es una profunda desigualdad. Lo que quieren es quedarse con ese pisito que compró tu padre después de trabajar toda la vida. No quieren las grandes herencias (esas están muy a salvo). Quieren las pequeñas. Y es lógico, el pobre es la materia prima más abundante. Es la base del consumo. Dan más dinero treinta millones de pobres que trescientos ricos. Matemática pura.
Tampoco quieren que te jubiles siendo propietario, porque así podrías sobrevivir con una pensión, aunque fuera modesta.
Quieren también desincentivar a los jóvenes. Si no puedes ser propietario y dueño de tu vida ¿por qué esforzarte? Y en programas de radio, televisiones o con “Youtubers” más o menos famosos, nos van colando estas ideas.
Dirán que van a por las grandes herencias, y el vago envidioso, que no ha trabajado en su vida, aplaudirá con las orejas pensando que le caerá alguna migaja. Y así, mientras los indignos acogen estas ideas totalitarias muy felices, los demás, irán dejándolo pasar. Y lo dejarán pasar, hasta el día en que el fisco reclame unos impuestos tan absurdos, que les impidan acceder a su herencia. Esto ya ocurre, pero se silencia con bastante eficacia. El impuesto de sucesiones es un atraco a mano armada por parte del Estado, pero por lo visto, “insuficiente”.
No les basta con que tengas que pagar impuestos dos veces sobre tus propiedades. Quieren más. Quieren que no puedas heredar ni el pisito de la abuela. No quieren propietarios. Quieren inquilinos. Quieren personas sin propiedades, y, por ende, prisioneros. Quieren convertir España en su cárcel.
No es de extrañar que importen gente de paises pobres. Quieren convertir España en su satrapía.
Esta gente, que se llena la boca con palabras como obrero o con definiciones como clase trabajadora, es gente que no sabe que es un trabajador, no digamos ya lo que es trabajar. Es gente, unos por ignorantes o por tener vocación de parásitos, que no ven la realidad. Sueñan con una Arcadia feliz, dónde recibirán una “paguita” para pasarse el día en el bar. Otros, los menos, los “ideólogos” de estas ocurrencias, saben que ellos sí podrán heredar y no solo eso, saben que mientras convenzan a un buen número de tontos, su vida será regalada. Nunca mejor dicho.
De los millones de jubilados que hay mayores de setenta años, muchos son propietarios. Y como no les basta con legalizar el robo mediante la okupación, pretenden hacer negocio con las herencias. Dónde mejor está el pisito de Patraix de la tía Pepica es, según ellos, en una gran inmobiliaria buitre.
















