La sabiduría del refranero nos ofrece perlas como ésta. Y, ¡vaya, si es cierto! Porque cuando se repite una y otra vez una misma idea, pueden pasar dos cosas: o que se convierta en verdad una mentira -algo a lo que la izquierda está históricamente acostumbrada-; o es que parece que algo hay de cierto en lo que se comenta.
Me estoy refiriendo a todas las noticias, encuestas, comentarios, “sabios tertulianos” de prensa, radio y televisión, que coinciden en el ascenso de VOX.
Dios me libre de creer en todo eso, de partida, por varios motivos: en primer lugar, porque las encuestas tienen muchos márgenes de error, atienden a unos parámetros preestablecidos de consulta, y en demasiadas ocasiones están prediseñadas. Así mismo, es habitual que tanto las encuestas, como los rumores o comentarios en los medios, escondan un interés concreto, ya sea para provocar un apoyo a la idea que se transmite, ya sea para hacer virar la opinión hacia el lado contrario.
Sea como sea, hay algo cierto en todo esto: se marcan “tendencias”. Difícilmente podría hablarse de un ascenso de VOX si en la calle no se aprecia tal aumento.
Pero para este viaje, no necesitamos alforjas; o al menos, no esas alforjas. Prefiero palpar el pulso de nuestros jóvenes en las redes, de nuestros mayores en sus charlas privadas, en definitiva, de todos los españoles, allá donde se encuentran, y cuando pasan a nuestro lado. Porque el verdadero sentir de los ciudadanos se muestra en el día a día, en el trabajo, en las relaciones personales, en todo aquello que nos dicen cuando nos ven. Es realmente enriquecedor y muy gratificante caminar por nuestras calles, y que se crucen personas -muchas-, que te dan ánimos, que te saludan, que te dan la enhorabuena, y que expresan sentimientos como: “menos mal que estáis vosotros, los de VOX, “hablando claro, llamando a las cosas por su nombre, y defendiendo lo que todos pensamos”.
Esa es la verdadera encuesta; la de nuestros vecinos.
Y esa es la única encuesta que siempre hemos deseado, porque VOX es un movimiento social, es un mero instrumento al servicio de los ciudadanos, las familias, los trabajadores, los jóvenes, y nuestros mayores. Nada más, y nada menos, nos ha traído a la vida política.
Los ciudadanos, en privado, pero cada vez más de forma pública -creo que también para esa falta de “miedos” ha sido VOX una herramienta fundamental-, quieren ver que sus representantes políticos están en las instituciones para defenderles en su trabajo, su libertad de educación, su libertad de expresión, su libertad de acción, y en definitiva en su presente y su porvenir.
No estamos hablando de “cabalgar contradicciones”, como les gusta decir a los del PSOE -según vayan los vientos-, ni de tener unos principios cambiables -como apuntaba Groucho Marx-. Nos referimos a lo que todos, pero todos, queremos: estabilidad, libertad, prosperidad, trabajo y futuro; para nosotros, y para nuestros hijos. Y también compartimos la inmensa mayoría, algunos sentimientos colectivos muy trascendentes: orgullo de Patria, defensa de nuestra historia, de nuestras tradiciones, de nuestra cultura, de nuestra aportación a esta civilización occidental, que se construyó sobre la verdad, la bondad y la belleza.
Yo me quedo con esto; y con el sentir de la calle; con la encuesta diaria; y sobre todo, con una convicción íntima de que nuestro trabajo, nuestro esfuerzo, está dando frutos.
La izquierda se desgañita con sus mentiras, sus relatos amañados, y sus pseudo revoluciones callejeras, aunque tengan que fletar autobuses para vender manifestaciones. Pero la verdad se impone por más que le quieran dar la vuelta. Ya lo decía Sócrates: “La mentira gana bazas, pero la verdad gana el juego”.
Lo suscribo.












