– Este año las circunstancias han permitido iniciarlo a lo grande, con ópera italiana, subiendo a la escena “La Traviata”.
Se trató de una versión muy linda, low cost, que cosechó unos excelentes resultados con tan sólo 17 instrumentistas en el foso, en lugar de los 90-100 músicos de la orquesta de la cual disponía Giuseppe Verdi en su tiempo. Obviamente, hubo que hacer sacrificios en la plantilla. Las maderas, a uno; en el metal, sólo la pareja de trompas; los timbales y resto de la percusión, ausentes; en la cuerda, sus efectivos reducidos a la mínima expresión, con tan sólo 1 contrabajo y 2 violonchelos, por poner el ejemplo de las cuerdas graves. Y, a pesar de eso, el resultado artístico fue excelente.
La Orquesta de la Camerata Lírica son jóvenes entregados con muchas horas de vuelo, lo que les procura profesionalidad. El coro, tan versátil como los comodines en los naipes de la baraja.
El escenario, Prêt à porter, tenía sabor clásico, sobre todo por el mobiliario, con el color rojo como fondo; así como los elegantes vestuarios. La luminotecnia fue la cenicienta: horizontal, sin ambientación escénica. En el Acto III, cuando ha amanecido, Violeta le pide a Anina que corra las cortinas para dejar pasar la luz. Esta circunstancia no quedó resuelta en la iluminación.
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El reparto, de calidad, con unos buenos cantantes. La soprano Helena Gallardo cuajó una gran actuación, emocionando al público.
La madrileña convenció merced a un uso dosificado del vibrato, medidos filati, reguladores de volumen delicados, bellos agudos y, sobre todo, una interpretación muy sentida, creíble. El tenor argentino Pablo Sánchez tiene una voz muy bonita, apropiada para cantar las óperas de Verdi con lirismo. El de Salta es, ante todo, un cantante galante.
El barítono madrileño Andrés del Pino bien podría adscribirse al subtipo dramático. Su tesitura es robusta en toda su gama; se trata de una voz poderosa, rocosa, quizás un poquito rígida en el agudo; pero resuelve con contundencia y probada solvencia estas óperas verdianas. La soprano coreana Yerin Jung es una todo terreno, un comodín que tanto soluciona un roto como un descosido. Esta mujer resuelve muy bien un papel secundario, al mismo tiempo que es miembro del coro y bailarina. El resto de los cantantes también defendieron con dignidad sus papeles.
Por último, el director musical, el zaragozano Rodolfo Albero Colino, dirigió con pleno idiomatismo, potenciando el lirismo del canto.
FICHA TÉCNICA:
Lugar y fecha: L’Eliana, Auditorio Municipal, domingo, 27 de octubre, 19 horas.
Programa: “La Traviata”, ópera en tres actos con libreto de Francesco Maria Piave y música de Giuseppe Verdi. Reparto: Helena Gallardo, soprano (Violetta Valéry); Pablo Sánchez, tenor (Alfredo Germont); Andrés del Pino, barítono (Giorgio Germont, padre de Alfredo); Yerin Jung, soprano (Annina, ama de llaves de Violetta); Rita Raposo, mezzosoprano (Flora, zíngara); Ángel Walter, tenor (Gastone); Juan Artiles, barítono (Barone Douphol); Javier Barea, bajo (Doctor Grenvil).
Director técnico: Mario Martínez.
Orquesta y coro: Camerata Lírica.
Dirección escénica y musical: Rodolfo Alberto Colino.














