La 39ª edición de Dansa València, organizada por la Conselleria de Educación, Cultura, Universidades y Empleo e impulsada por el Institut Valencià de Cultura (IVC), refuerza su compromiso con la vertebración urbana mediante la incorporación de nuevos escenarios en la ciudad y en el Parque Natural de la Albufera.
La gran novedad de este año es la alianza estratégica con el CaixaForum València (Àgora), un espacio de referencia en la divulgación cultural y científica. El 16 de abril se presentará en su auditorio el trabajo en proceso de Mauricio Pérez Fayos, Coreografías Virtuales: movimiento(s) futuro(s), que reflexiona sobre cómo las plataformas digitales influyen en nuestras formas de movernos.
Habitar el patrimonio urbano
Según la directora del festival, María José Mora, la intención es habitar museos, teatros y espacios históricos de la ciudad. El 17 de abril, la plaza de Manises acogerá el preestreno de Liebe, de Titoyaya Dansa, explorando el amor como impulso irracional en un entorno patrimonial que incluye el Palacio de la Generalitat, la Torre de San Bartolomé y la Casa de los Vallier.
El Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC) amplía su papel como sede, con el espectáculo internacional Gush is Great, de Production Xx, y actividades profesionales para programadores. La Sala Refectorio, con arcos del siglo XIII, presentará trabajos de Lucía Jaén, Julia Zac y La Imbuición, complementados con un encuentro con programadores en la Sala Goerlich.
Danza en la Albufera y el entorno natural
El festival se extiende al entorno natural con un paseo coreográfico por la Albufera el 18 de abril. Desde el Port de Catarroja hasta el Espai de Creació Algrà, Laura Morales, Cristina Reolid y Rosa Sanz presentarán intervenciones que dialogan con la memoria del paisaje y la defensa del territorio.
Regreso al corazón de la ciudad
El 19 de abril, la danza volverá al centro urbano en la estructura modernista del Mercado Central, con Oroimen, de Akira Yoshida, bailarín navarro que fusiona breaking y danza contemporánea. La obra conecta la tradición agrícola con la modernidad tecnológica y mercantil de la ciudad.









