La chufa, uno de los cultivos más emblemáticos y rentables de la huerta de Valencia, atraviesa una profunda crisis que amenaza su viabilidad económica. Según la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA), los crecientes problemas sanitarios y productivos, junto al encarecimiento de costes, están estrechando peligrosamente sus márgenes.
Aumento de costes y caída de productividad
A pesar de la elevada demanda por parte de la hostelería y la industria –impulsada por nuevos usos alimentarios, médicos y cosméticos–, la rentabilidad del cultivo se ve cada vez más comprometida. En apenas una década, los costes de producción han subido un 40% mientras que la productividad ha caído un 25%.
Enfermedades sin solución: la mancha negra
Uno de los principales desafíos es la mancha negra de la chufa, una enfermedad que daña la piel del tubérculo, reduciendo su valor comercial y generando grandes cantidades de producto descartado en los secaderos.
Aunque esta afección fue detectada hace quince años, coincidiendo con la aparición de semillas africanas, la Conselleria de Agricultura no ha ofrecido aún un diagnóstico ni soluciones claras. AVA-ASAJA solicita que el IVIA intensifique sus investigaciones para controlar la plaga mediante métodos eficaces, ya sean fitosanitarios o biológicos.
Una mala hierba invasora agrava la situación
Además, los agricultores se enfrentan ahora a una mala hierba invasora que comparte ciclo vegetativo con la chufa y se está extendiendo rápidamente. Todo apunta a que pudo haber sido introducida mediante tubérculos importados de terceros países, lavados en instalaciones locales.
No existen herbicidas autorizados para combatir esta especie, y su retirada manual es muy problemática: si quedan fragmentos en el campo, pueden regenerarse con fuerza al año siguiente, invadiendo por completo las parcelas de cultivo.
Menos superficie cultivada y menor rendimiento
Según Antonio José Gimeno, responsable del sector de la chufa en AVA-ASAJA, “si la ciudadanía quiere tener una huerta viva, cultivos como la chufa deben ser sostenibles y rentables”. Gimeno denuncia que este año se han sembrado mil hanegadas menos, lo que supone una reducción del 15% de la superficie cultivada.
“La demanda y los precios no bastan si no se puede sacar una producción suficiente del campo”, concluye.





