Hasta el “boomer” que vota “por tradición,” se está dando cuenta de que Moncloa es la cueva de Alí Babá.
Porque hay que andar muy despistado a pesar de lo que diga la “inchaurronda” y compañía, para no percatarse de que nos robaron durante la pandemia. Que, en vez de reforzar la sanidad, proteger a los sanitarios y a los servicios esenciales, se dedicaron a cerrar ambulatorios, encerrarnos, desatender a los ancianos y dejarlos morir abandonados. En vez de hacer una gestión mínimamente digna, nos bombardearon con las recomendaciones de “ejpertos” que no existían, con las bobadas de Simón, militares, policías y demás que solo nos daban “un parte” sin pies ni cabeza. Hay que tener muy poca memoria para no darse cuenta de todo esto y hay que ser ciego y sordo, para no ver ya a las claras, a que se han dedicado estos siete años.
La mal llamada “ley de nietos” no es otra cosa que legalizar un pucherazo de dimensiones ciclópeas.
Debería llamarse la ley del puchero, que la define mucho mejor. ¿Qué sentido tiene que un argentino o un colombiano voten en las elecciones españolas? Ninguno. Es una compra de votos masiva. ¿Por qué no se para esto? Pues porque nuestro sistema “democrático” se basa en el voto. O lo que es lo mismo, en que usted consienta con todo porque “lo ha elegido.” ¿Pero qué pasa si otros eligen por usted? ¿Es eso legitimo? No, ni de casualidad.
Si esto sigue adelante ¿podemos considerar esas elecciones como válidas? Yo diría que no.
La oposición, los tribunales y todo aquel que no está moviendo un dedo para que esto continúe (creen que les beneficia) se van a llevar una sorpresa. Ese sistema de “la democracia que nos dieron en el 78” podría estar en la cuerda floja si esto no se para. No solo porque sea un pucherazo, es porque pone muy en entredicho las elecciones y como he dicho anteriormente todo el chiringuito estatal, todo el tinglado, monarquía incluida, se sostiene en las elecciones.
La gente está totalmente anonadada viendo la lamentable actuación de la oposición, que más que ejercer como tal, está intentando por todos los medios lavarle la cara al “sanchismo.” Temerosos de que el sistema se les vaya al garete.
Pues es muy posible, que esto sea el detonante para que ocurra eso que tanto temen todos los partidos políticos, que viven como sátrapas a nuestra costa. Es posible que, hasta el hooligan más cegado, se dé cuenta de que las elecciones han sido un timo.
La oposición, que está comodísima en su papel de llorona oficial ,se va a llevar una sorpresa si vuelve a ganar Sánchez, que no lo descarto en absoluto tal y cómo van las cosas.
Seguramente piensan que, aunque acabemos en una dictadura como Venezuela, ellos conservarán sus puestos, porque para disimular, se necesita una oposición. No tienen ni idea o no quieren tenerla. Que nadie piense que eso no puede ocurrir por la Unión Europea o porque patatas. Si le hace falta, Sánchez nos sacará de la Unión Europea, de la OTAN y de dónde haga falta. Y nadie se opondrá porque ya se está viendo muy a las claras. Esto, básicamente es porque el alto funcionariado, el ejército y todas y cada una de las instituciones creen erróneamente, que seguirán con sus privilegios. Creen que la democracia del 78 está firmemente consolidada y no es verdad. Hace mucho que se tambalea.
Mucha gente se está dando cuenta de que si los que votas te roban, durante cuatro años no puedes hacer nada para echarlos.
Que, si ya no puedes ni confiar en las elecciones, porque te alteran el censo, ¿Qué democracia es esa? ¿Qué sistema podrido se esconde entre frases bonitas en la Constitución?
Pues uno que blinda a los cargos públicos, que hace impune al político y deja al ciudadano a la altura de un siervo de la gleba.
Urgen reformas, pero dudo mucho que estás se lleven a cabo, porque los políticos en general se benefician mucho de este sistema.
Olvidemos la dicotomía izquierda y derecha, que solo beneficia a parásitos y como sociedad civil, exijamos esas reformas.










