Un maridaje perfecto de dos industrias que se complementan perfectamente, las alfombras rojas se nutren de los modelos más selectos para deslumbrar, con un solo impacto poner el nombre de su creador en lo más alto de los medios de comunicación mundial.
Un desfile de un diseñador de prestigio tiene resonancia, pero unir un modelo exclusivo, realizado con la expresa intención de impactar, con cualquier “celebrity “del mundo del cine, es una oportunidad excepcional que supera cualquier millonaria campaña de publicidad. Es sabido que muchos de estos modelos se ofrecen de forma gratuita a los artistas, sabiendo que el retorno en imagen es impagable. También corren un riesgo, que las críticas no sean las esperadas, que tu diseño no brille, y el efecto sea contrario al deseado, pero : ¿Que sería la vida si no tuviéramos el valor de intentar algo nuevo? (Vicent van Gogh), el resultado merece este riesgo.
Las prendas de baño no están al margen, son fetiche en el mundo cinematográfico, una forma de enviar mensajes subliminales a través de la pantalla, piezas que ligaron su fama a la actriz que las lució, y tiene más mérito, si cabe, con tan escasa cantidad de tejido. Existen piezas de baño convertidas en míticas gracias al cine, inolvidables, y perfectamente reconocibles casi por cualquier mortal. El verano invita, recordemos algunos de los bañadores de la gran pantalla que marcaron a generaciones de espectadores, generando un impacto emocional, casi más que estético.
La primera posición no me ofrece la más mínima duda, Ursula Andress saliendo del mar con un dos piezas color blanco de algodón, con un cinturón militar británico blanco, cuchillo a la cintura incluido, la primera “chica Bond” en la película “Agente 007 contra el Dr. No” (1962); el bikini no es muy especial, es bastante sencillo, de tirantes, ligeramente drapeado en el centro con unos cordones, con una braga clásica, pero la mezcla de prenda, color y una espectacular mujer, dejaron esta imagen para la historia del cine; diseñado por ella misma en colaboración con la diseñadora de vestuario, se subastó en 2.020 por un valor de 300.000 dólares. Posteriormente hubo un “remember” con Halle Berry (2.002), con un bikini naranja, sencillo, atado al cuello, de la firma La Perla, que repetía la escena, estaba espectacular en “ Muere otro día», también como” chica Bond” pero me quedo, sin duda, con el original.
Con un glamour diferente, pero elegantísimo, el bañador blanco que lució Elizabeth Taylor en la película “ De repente el último verano” (1.959); una pieza lisa, con tirantes y un escote generoso en V, del diseñador inglés Oliver Messel, que marcó tendencia, eso sí, tremendamente sencillo, y que lo sitúa entre mis favoritos, sacándole un partido tremendo a una pieza absolutamente minimalista; estos planos en bañador se rodaron en una playa de Gerona, concretamente en la población de S’Agaró.
Un bañador palabra de honor rojo, con unas pequeñas piezas de strass a la altura de la cadera en la parte delantera, y una Marylin Monroe pletórica, en “ Cómo casarse con un millonario “ (1953), del modisto estadounidense William Travilla, sin duda de los más espectaculares que lució. Hay una coincidencia en estas cuatro piezas, la sencillez de los modelos, para tener en cuenta a la hora de elegir, no siempre recogidos, frunces, y abalorios, sacan más partido a la prenda, es más importante buscar que pieza puede potenciar más tu cuerpo
Hay un bañador que me parece espectacular, y no es de los más llamativos, pero lo considero magia cinematográfica, el revolcón en la playa de Burt Lancaster y Deborah Kerr en “ De aquí a la eternidad” (1953), imagen mítica, con un bañador negro, con cuello halter y la espalda descubierta, del modisto de Columbia Pictures, Jean Louis; sin duda el de Ursula Andress me parece el más impactante, pero este bañador es el más elegante con diferencia, icono en el mundo del cine.
Hablando de minimalismo, pocos bañadores cumplen mejor esa condición que el usado por Bo Derek en “La mujer perfecta” (1979), con un bañador nude (color carne), de espalda baja, y generoso escote, tirantes muy finos con cuello halter, diseñado por Albert Capraro, y una vez más el éxito se creó en el conjunto de la imagen, el peinado, las trenzas de colores, y una mujer muy bella, donde el bañador de sencillez extrema resalta su figura.
Casi una réplica del bikini de Ursula Andress, lució Angelina Jolie como Lara Croft Tomb Raider, en “La cuna de la vida” (2.003), aunque en color negro; la pieza no es un bikini pequeño, aunque luce un buen escote, pero con tirante ancho, al igual que la braga que subía ligeramente a la cintura, diseñado por Lindy Hemmyng, ganadora de un Oscar en vestuario; vuelve a destacar que en ocasiones no es una cuestión de más o menos cantidad de licra para que una pieza quede espectacular.
Aparte de las señoras maravillosas que aparecieron en estas películas, que por supuesto ayuda en la parte estética, y teniendo en cuenta que suelen contar con prendas de magnífica calidad y de grandes diseñadores, estas piezas contaron en su momento una narrativa visual, ubicando una época o un contexto.
Estos bañadores consiguieron convertirse en icónicos, enviaban una misiva que el público supo entender, transformándolo en algo más que una prenda de baño, un mensaje, temporal, estético y sensual; el objetivo estaba cumplido, en muchos casos encumbraron, o acentuaron el éxito de las actrices y diseñadores, aumentaron su celebridad, y encendieron deseos, tanto femeninos como masculinos, con unos minúsculos trozos de tela, lo pequeño sostiene lo grande, el cine y la moda, una combinación perfecta.










