De un tiempo a esta parte todo ha perdido sentido. Más allá de una lectura humanística, el mundo se ha vuelto un lugar hostil para aquellos que lo habitan. Igual siempre lo fue, pero nunca se ha demostrado con tanta certeza como hasta ahora.
Vivimos en una realidad incierta, cambiante y constantemente sumida en la incertidumbre
El primero en describir la realidad que ahora mismo experimentamos fue Nietzsche, aquel filósofo alemán cuya fama ha sido pervertida por el nazismo. Él no tuvo la culpa: cuando todo el movimiento nazi nació, llevaba 33 años muerto. Ocurrió lo que suele ocurrir: que un loco malinterpreta unas lecturas, las manipula y las utiliza en su favor, lo que hacen los políticos de hoy en día, vaya.
Pero tanto Nietzsche como Kafka dieron en la diana: el mundo en el que vivimos carece de sentido
No lo digo yo, lo dicen muchos filósofos de la época y la mayoría de la actualidad. El paradigma ha cambiado. Desde la Primera Guerra Mundial el mundo sufrió un shock sin precedentes; qué digo el mundo, la humanidad. Nos dimos cuenta de que la vida no vale más que lo que nuestros tiempos estimen; no tenemos un valor más allá de nuestras circunstancias.
Es tan doloroso reconocerlo como sentirlo, pero no somos nada ni tenemos poder de decisión
Con esta nueva guerra se abre un nuevo frente y un nuevo mundo de probabilidades que exploran nuestro futuro incierto. Todos los que hemos crecido a partir del siglo XX hemos crecido bajo la incertidumbre de que aquella pesadilla se repita, de que aquellas guerras se vuelvan a repetir: unas guerras en las que el futuro de la humanidad no solo se puso a prueba, sino que fue condenado; condenado a morir.
No hay futuro para los jóvenes, no lo hay, en el momento en que un presidente de un país lejano puede decidir sobre nuestras vidas
Muchas veces se culpa a los jóvenes de su falta de visión de futuro, de que solo viven en el presente, y es inevitable. Cómo no vas a vivir en el presente cuando sabes con certeza que cualquier día todo se puede acabar porque Putin decida iniciar una guerra mundial, porque Trump te fije como objetivo y, más allá de tener consecuencias comerciales, tenga consecuencias bélicas.
No son los jóvenes los que han perdido el rumbo, es la propia humanidad la que lo ha perdido
No hay planes de futuro cuando el futuro puede ser una tercera guerra mundial entre Oriente Medio, Europa y Estados Unidos. No hay futuro cuando tú no puedes tener la certeza de hipotecarte sin saber si algún día llegarás a pagarlo. No hay certeza cuando vives tu vida, como deberías, sin consecuencias, y de repente estalla un conflicto del cual podrías ser un daño colateral. La pregunta no es por qué los jóvenes han perdido el sentido de futuro, sino por qué lo ha hecho el mundo en sí. Cómo puede ser que alguien se acueste sin la certeza de que mañana las cosas seguirán siendo habitables. Cuando se pierde el sentido de la realidad y, a su vez, la realidad se convierte en una realidad convulsa, es entonces cuando no podemos reprochar nada a nadie.
No se puede culpar a los jugadores que juegan sus cartas de la mejor manera. Culpen a la banca, que se encargó de dejarlos sin futuro










