Enrique Arias Vega: Sin novedad en el 23-F
La tan cacareada desclasificación de papeles del golpe de Estado del 23-F no ha desvelado ningún secreto. Para el Gobierno, ha sido una oportunidad más de hablar del pretérito y de obviar los temas candentes y preocupantes de hoy, Para la verdad, en cambio, sólo ha sido la ratificación de lo que ya se sabía.
Lo ha dicho con claridad Javier Cercas, autor de un significativo libro, masacrado luego en su versión televisiva: Anatomía de un instante. Para el escritor, ya sabíamos la verdad, pues “no hay incógnitas” en un hecho más allá de los bulos y bolas que han querido hacernos tragar unos y otros. ¿Qué secreto puede hacer en un suceso del que se han escrito decenas de libros y miles de artículos?
Pues si algo aportan los documentos ahora exhumados, más allá de alguna anécdota, como decíamos es la ratificación de lo que fue juzgado y condenado en su momento y que revaloriza el papel de Juan Carlos I, en el fracaso de la asonada. Ésta quiso hacerse usando el nombre del rey, como intentó sin éxito lograrlo el general Alfonso Armada, quien taimadamente se postuló como presidente de un Gobierno compuesto por civiles y militares.
Salvo la excepción de Milans del Bosch, el Ejército no se amotinó gracias a la actitud contundentemente democrática del rey y se demostró que Antonio Tejero no era más que un peón que ignoraba el alcance del complot, quien lo urdió y qué consecuencias podía tener.
Que pueda seguir habiendo bulos y trolas, como dice Cercas, seguro que sí. Pero no son más que un elemento de la ceremonia de la confusión, a la que contribuye el Gobierno, urdiendo en el pasado en vez de encarar el presente.












