Enrique Arias Vega: Polémica sobre el esfuerzo
Todavía colea la polémica sobre la propuesta de Yolanda Díaz de reducción de jornada y las declaraciones que han hecho unos y otros sobre la non nata ley. Todo arranca de la pregunta del presidente de la patronal, Antonio Garamendi de “¿tú crees que Alcaraz trabaja 37 horas y media?” para rebatir así la conveniencia de reducir la jornada laboral dos horas y media.
Para completarlo, el empresario hizo unas afirmaciones igual de controvertidas de que existe un “problema de actitud” porque “mucha gente no quiere trabajar”. En seguida, toda la izquierda y sus acólitos se le echaron encima tachándole de todo; lo que menos de reaccionario.
El problema es mucho más complejo porque Garamendi, con sus palabras, pretendía justificar la cultura del esfuerzo, la de creer que las cosas no nos vienen dadas porque sí y que hay que currárselas si uno quiere llegar a algo. O sea, que lo que él pretendía era ensalzar la capacidad de trabajo y sacrificio frente a la holganza y la cultura de la subvención.
Sus detractores, digo, más allá de la duración de la jornada ponían en cuestión el esfuerzo laboral como mérito y lo contraponían a la precariedad en el empleo frente a quienes se lucran con trapisondas de las que tantos ejemplos tenemos hoy día.
Así que trabajar es un castigo y el esfuerzo una tontería. Por eso tenemos una sociedad que subvenciona todo, lo subvencionable y lo que no, y que crea una sociedad de inútiles, en bastantes casos, con propensión a la frustración en cuanto dejan de percibir las ayudas y tienen que ganarse el sustento por sus propios medios.
Flaco favor que les hacemos.










