Enrique Arias Vega: Agresiones sexuales
Pese a una legislación cada vez más dura contra las agresiones sexuales, éstas no decrecen. Más bien al contrario. Lo cual demuestra que nos hallamos frente a un problema estructural, que no depende exclusivamente de nuestra voluntad para atajarlo, sino que está inserto en lo más profundo de nuestra especie.
Por eso no tenemos que fustigarnos en exceso por el mantenimiento de estas conductas criminales, sino que debemos tratar de minimizarlas al máximo, no sólo con medidas penales sino con una concienciación social que muchas veces es más de boquilla que una auténtica realidad.
Otro mito que hay que disipar es que en nuestro país abunden más estos comportamientos delictivos que en otros más desarrollados, porque se trata justamente de lo contrario, de que aquí estos hechos antisociales no proliferan más que en otros países de nuestro entorno, con una educación presumiblemente superior.
Puestos a analizar con rigor estas actitudes, llama la atención la edad cada vez más temprana con la que se realizan. A esto contribuye de manera brutal el aumento de la pornografía infantil y su uso por parte de los menores. Mientras padres y autoridades no pongan coto con seriedad a estas prácticas, la aberración de conductas sexuales irá en aumento.
Está visto, con este ejemplo, que la lucha contra la violencia sexual es una tarea de todos y, en particular, del entorno de las víctimas potenciales de estos repugnantes delitos. Mientras siga habiendo familiares y vecinos de esta población de riesgo que no denuncien actitudes abiertamente peligrosas corremos el riesgo de que sucedan luego horribles hechos irreparables. O sea, que ya estamos avisados.











