El Arzobispo de Valencia, monseñor Enrique Benavent, ha presidido la clausura de la fase diocesana del proceso de beatificación de la religiosa carmelita María Carmen Crespo Roig (1912-2006)
El acto de clausura se ha celebrado en el salón de actos de la Vicaría de Evangelización, en la calle Avellanas de València, y supone el cierre de la etapa diocesana de un proceso promovido por la propia comunidad religiosa de la carmelita. Durante esta fase, un tribunal eclesiástico ha recopilado y verificado testimonios y documentos sobre las virtudes cristianas vividas en grado heroico por la religiosa.
Concluida esta etapa, toda la documentación será remitida a la Congregación para las Causas de los Santos, en Roma, donde continuará el estudio del caso. En el supuesto de que la Santa Sede reconozca dichas virtudes heroicas, se daría un paso decisivo en el camino hacia su beatificación, poniendo de relieve la santidad de una vida cristiana vivida desde la sencillez y la entrega cotidiana.

Destacó por su vida de entrega, prudencia y aceptación del sufrimiento
María Carmen Crespo Roig, bautizada como Teresa Encarnación, nació el 25 de marzo de 1912 en Beniarrés (Alicante). Desde muy joven mostró una profunda vinculación con la vida parroquial, participando activamente en iniciativas pastorales y de ayuda. Durante la persecución religiosa de 1936, destacó por su valentía, llegando a arriesgar su vida para asistir a sacerdotes y religiosas perseguidos.
En 1941 ingresó en el monasterio de las Carmelitas de la Antigua Observancia de Ontinyent, donde profesó y permaneció durante 65 años de vida religiosa, hasta su fallecimiento el 4 de febrero de 2006, a los 93 años. Su vida estuvo marcada por una profunda espiritualidad, el ofrecimiento constante del sufrimiento y una actitud de serenidad y alegría incluso en medio de la enfermedad.

La religiosa fue conocida por su prudencia, capacidad de consejo y cercanía, convirtiéndose en referente espiritual tanto para religiosas de otros institutos como para numerosos laicos que acudían a ella en busca de orientación. A pesar de una salud frágil desde joven y de sufrir graves dolencias en los últimos años de su vida, mantuvo siempre una actitud de aceptación del dolor, repitiendo hasta el final: “Sí, Señor, con tu gracia, que sea de mí lo que tú quieras”.

Su fama de santidad se extiende más allá de España
Tras su muerte, la fama de santidad de María Carmen Crespo Roig no ha dejado de crecer, traspasando los muros del convento y extendiéndose incluso fuera de España, donde muchas personas afirman invocar su intercesión. Este reconocimiento popular fue clave para que su causa de beatificación se iniciara de forma temprana, convirtiéndose en uno de los procesos más ágiles de la diócesis de Valencia.









