La Residencia Novaedat Sedaví fue uno de los lugares donde, la noche del martes 29 de octubre, sufrieron las inundaciones provocadas por la DANA. Aquí, 124 ancianos fueron salvados gracias a la intervención de los trabajadores.
Para conocer de primera mano cómo se vivió la noche y la actuación que se llevó a cabo para poner a salvo a todos los residentes, hemos hablado con Susana Ivars, personal de enfermería, y nos ha compartido su experiencia y las decisiones que tomaron entre todos.
El inicio
La situación en la residencia de ancianos de Sedaví se tornó crítica hacia las 20h de la tarde, cuando la DANA provocó intensas lluvias que inundaron la zona. Susana Ivars, personal de enfermería de la residencia, rememora el momento en el que todo comenzó a desmoronarse.
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«Estaba con mi compañera, que es de Catarroja, y ya allí la situación era desastrosa. De repente, nos avisaron de que el agua salía de las alcantarillas».
«Nos apresuramos a meter los coches en el interior de la residencia, pero el agua ya empezaba a llegar a nuestros pies.» Conocían que había temporal, pero no tenían idea de que su lugar de trabajo se vería tan afectado.
Coordinación y medidas
A medida que el agua comenzó a inundar la residencia, el equipo tuvo que actuar de forma rápida y espontánea para poner a los residentes a salvo. «No teníamos ningún plan específico para situaciones de emergencia como esta, el agua es incontrolable. Comenzamos a subir a los ancianos al primer piso a peso. A medida que el agua ascendía, tuvimos que trasladar a algunos al segundo piso, donde afortunadamente, el agua no llegó.»
Situación en las calles
Mientras tanto, fuera de la residencia se vivían momentos angustiosos. Susana nos cuenta que las calles se convirtieron en ríos y muchas personas quedaron atrapadas: «Había coches atascados, gente en los árboles, y algunos se aferraban a los semáforos.»
Además, cuando consiguieron poner a salvo a todos los ancianos, trataron de animar, desde el balcón, a los vecinos que se encontraban en la calle. Asimismo, afirma que vieron como el agua se llevaba de todo, incluido personas.
Estabilización y recuperación
El agua se rebajó y todo se convirtió en fango. La situación se estabilizó, pero surgieron nuevos retos. «No teníamos electricidad y muchos ancianos necesitaban oxígeno. La UME trajo botellas de oxígeno y otros residentes comenzaron a traer comida.» A pesar de la adversidad, los ancianos estaban bien en su mayoría, aunque hubo un caso que requirió un traslado al hospital tras una caída.
Ahora, los ancianos están en sus habitaciones, donde no llegó el agua. Sin embargo, han perdido toda la planta de abajo donde se encontraban servicios como la consulta de enfermería. “Tenemos un almacén de farmacia arriba pero todo lo que tiene que estar más a mano como por ejemplo, la insulina, no lo teníamos. Ahora ya podemos bajar y nos están trayendo muchas cosas para remediar esta situación”.
Así pues, gracias a la rápida actuación de Carmen, Paula, Pacheco, Marisol, Pili, Bea, Estela, Raquel, Susana, Ana, Carlos y Fran, se salvó la vida de los 124 ancianos que viven en la Residencia Novaedat Sedaví.









