El funeral del Papa Francisco ha congregado a más de 150.000 fieles en la Plaza de San Pedro, en una jornada marcada por la emoción, el recogimiento y la presencia de líderes políticos y religiosos de todo el mundo. Tras su fallecimiento el lunes a los 88 años, la Iglesia Católica ha despedido al primer Papa latinoamericano con una ceremonia solemne que pasará a la historia.
A las 9:30 de la mañana, el féretro fue trasladado desde la basílica vaticana hasta la plaza, donde fue recibido entre aplausos y oraciones. La misa ha estado presidida por el decano del Colegio Cardenalicio, Giovanni Battista Re, siguiendo el protocolo previsto para los pontífices fallecidos, y con la presencia del Papa emérito Benedicto XVI ya en la memoria de muchos.
Una despedida marcada por el simbolismo y la humildad
El Papa Francisco, fiel a su estilo austero y cercano, pidió antes de morir un funeral sencillo. No ha habido exhibiciones excesivas ni lujos impropios del cargo: su féretro, de ciprés, fue colocado sobre un estrado sencillo frente a la multitud, sin más adornos que el escudo papal y un evangelio abierto.
Entre los asistentes destacaron jefes de Estado, como el presidente argentino Javier Milei, el vicepresidente de EE.UU. J.D. Vance, o el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. También representantes del mundo ortodoxo, judío y musulmán, en señal de la voluntad ecuménica que marcó su pontificado.
Un pontificado que dividió, pero dejó huella
Aunque su figura no estuvo exenta de controversia, especialmente por su posicionamiento ideológico en temas sociales y políticos, Francisco será recordado por su carisma, su cercanía con los más pobres y su intento de reformar una Iglesia en crisis. La Iglesia se prepara ahora para una etapa de transición mientras se organiza el próximo cónclave.
El féretro fue llevado posteriormente a las Grutas Vaticanas, donde descansará junto a sus predecesores. Los fieles, entre lágrimas, coreaban: «¡Santo súbito!».














