Entre autovías, edificios altos y el ruido constante de la ciudad, sobrevive un núcleo histórico que se niega a desaparecer. Beniferri, pedanía de Valencia, todavía conserva la forma de pueblo, con calles estrechas, casas bajas y el ritmo tranquilo de la vida vecinal. Sus vecinos lo describen como un milagro, pues durante años, esta parte antigua ha estado amenazada por los planes urbanísticos que forzaban borrar su identidad.
La última batalla se libró frente a un proyecto que preveía levantar edificios de hasta ocho plantas dentro de ese casco antiguo, lo que habría supuesto, según denuncian, encerrar y asfixiar la parte histórica. La movilización vecinal y el apoyo del alcalde pedáneo, Vicente Peris, logró frenar aquella amenaza con el nuevo Plan Especial, que ha garantizado la protección del núcleo antiguo. Una victoria que los residentes califican de “histórica”.
Sin embargo, Beniferri arrastra otra forma de desaparición: la del olvido. En el imaginario colectivo de muchos valencianos, el nombre de esta pedanía se asocia casi exclusivamente a la avenida de las Cortes Valencianas, con sus urbanizaciones, oficinas, bares y agencias inmobiliarias. Pero basta alejarse de esa zona y adentrarse unas pocas calles para descubrir otro mundo casi imposible dentro de la ciudad de Valencia.
El cerco de los gigantes
Durante años, los vecinos de Beniferri sintieron que su pueblo quedaba acorralado. No era solo una sensación: las autovías, la contaminación acústica y el tráfico habían convertido a esta pedanía en una isla dentro de la ciudad de Valencia. La puntilla parecía llegar con un plan urbanístico que contemplaba levantar torres de ocho, seis y cinco plantas alrededor del casco antiguo.
Francisco López, vocal de la Asociación de Vecinos de Beniferri recuerda:
“Era una evidencia que estábamos totalmente cercados, por las autovías, por todo, y la contaminación, el ruido, el aislamiento que supone. Cuando nos dijeron que iban a hacer edificaciones de 8, 6 y 5 alturas, ya se quedaba totalmente amurallado lo que es el casco histórico. Entonces surgió la movilización intensa para paralizarlo y conseguir lo que se ha conseguido”.
Luis Ignacio Ramírez, también miembro de la asociación, apunta:
“Las ocho alturas hubieran significado la muerte cultural e histórica de Beniferri. Hay muchas zonas de Valencia donde se puede construir, sin romper la estética ni el entorno. Aquí, en cambio, lo que había en juego era el alma del pueblo”.
Ese “alma” aparece una y otra vez en las palabras de los vecinos. Para Cristina Díaz Gil, secretaria de la asociación, se trata de algo intangible pero evidente:
“No podíamos perder este pequeño pueblo que quedaba dentro de la ciudad de Valencia, el alma de Beniferri, y hay que respetarlo”.
El presidente de la asociación, Juan Alfonso Cebrià Giménez, coincide:
“Estamos encantados de que venga más gente a vivir, pero pedimos edificaciones que respeten lo que había antes. Lo poco que queda del Beniferri de siempre”.
Una alianza entre administraciones necesaria
La rectificación del plan urbanístico —un hecho inusual en Valencia— fue posible gracias a la presión vecinal y a un giro en la relación con la administración.
Vicente Peris, alcalde pedáneo de Benimàmet y Beniferri, lo resume con franqueza:
“Cuando llegamos nos encontramos con una asociación de vecinos a la defensiva, por falsas promesas. ¿Y cómo se recupera la confianza? Con hechos, cumpliendo”.
Ese cambio se consolidó a través del contacto con el concejal de Urbanismo, Juan Giner, que según los vecinos escuchó sus reivindicaciones con atención. “Gracias al alcalde pedáneo se hicieron las conexiones con el Ayuntamiento, y hemos sido oídos. Primero con el urbanismo, y luego con otros proyectos que llevábamos tiempo reclamando”, explica Cebrià.
El resultado ha sido una victoria que los vecinos no dudan en calificar de histórica. “Ha sido muy rápido, muy intenso y sorprendente”, afirma Francisco López. “Yo era un optimista razonable, pero ahora me declaro idealista: creo que las cosas se pueden conseguir”.
Beniferri por descubrir
Caminar por el núcleo histórico es comprobar de primera mano lo que defienden sus vecinos. La plaza de la iglesia de Santiago Apóstol el Mayor, pequeña y recogida, es el corazón de la pedanía. En el barrio se encuentran también la Biblioteca Municipal Joan de Timoneda, que funciona como punto de encuentro cultural y vecinal, y el Jardín de Polifilo, un espacio verde por el que pasear con tranquilidad. Como eje vertebrador, la calle Beniferri conserva parte de la vida cotidiana y el trazado que recuerda el origen rural del barrio.
Son rincones sencillos, desconocidos incluso para muchos valencianos, pero que conforman la verdadera identidad de Beniferri, la del pasado y la que quieren continuar manteniendo en un presente y futuro.
El reto de Beniferri ahora es encontrar un equilibrio entre modernidad y tradición. “Aquí no se trata de ser privilegiados ni clasistas, se trata de respeto”, insiste Ramírez. “Hay muchas zonas de Valencia donde se puede construir con altura sin romper la estética ni el entorno. Aquí, no”.
El gran objetivo es que Valencia no recuerde a Beniferri solo por sus edificios grandes y bares de la avenida de las Cortes Valencianas, sino también por ese pequeño casco histórico que todavía resiste.










