Ya sabíamos que eran una especie de asociación entre pijos con sueldo público, gente chunga de esa que da miedo, y cuatro idiotas de los que abundan por todas partes. Gente aburrida y gente como Colau, que quiere volver a “colaurse” en cualquier puestecito. Fuera hace mucho frio y en el peor de los casos, hay que trabajar para ganar dinerito.
- En esta olla había muchos intereses, entre los que no estaba la solidaridad con los palestinos de la franja de Gaza. Tampoco se la esperaba.
La intención era llegar y ser detenidos por los israelíes, la única democracia de oriente medio. Ese era el plan, porque el único barco que estaba a unos doce kilómetros de la costa, en realidad ha dado la vuelta. No es lo mismo que los israelíes te detengan, que entrar en Gaza y vértelas, muy seguramente, con Hamas. Tipos con AK47 y con pocas ganas de hacer una batucada. Tipos que se pondrían a jugar al fútbol con tu cabeza, simplemente para ver cómo rebota.
Una tomadura de pelo que se veía venir. Se han marcado un crucero de ensueño por el mediterráneo, haciendo vídeos chorra y parando en cuanto destino turístico se les ponía a proa. Sin prisa. Total, no llevaban ninguna ayuda, no había prisa por llegar. Entonces, ¿Qué misión humanitaria es esa? Ninguna. Era una misión propagandística para agitar a cuanto anormal aburrido pudieran en occidente. Y ha dado resultado. ¡Genocidio! ¡Hambre!. Pero a la hora de la verdad a esos niños gazatíes, no les han llevado ni un petite suisse. ¡Ni un cochino Donette! Y eso que Barbie Gaza, lloraba en uno de sus vídeos, “porque no podría entregar las chocolatinas.” Es de traca.
Ada Colau ha aprovechado el viaje para volver a ser visible.
Greta se unió a la fiesta porque prometía visibilidad y promoción, y ella ¡es una profesional!. La conocida como Barbie Gaza se enroló para monetizar y vendernos un personaje, o esa marca de ropa cutre que tiene, el caso es que lo que ella quería era “vender”. Y lo ha conseguido. Nos ha vendido un personaje y mucha diversión.
El resto de fauna con puesto público se enroló porque la cosa salía gratis y quizá les diera algo de visibilidad. Al fin y al cabo, son personajes oscuros de partido político, de esos que nos meten en las listas y que cuando te das cuenta, están tomando decisiones, aunque sean más tontos que una piedra.
Conseguido el momento, y las imágenes de cómo el ejército israelí los llevaba a tierra, ya no les importa reconocer que lo de la ayuda era un bulo.
Una mentirijilla piadosa. Total, lo que pretendían y reconozco que lo han conseguido, es que un montón de descerebrados aburridos compre banderas de Palestina y se salte las clases. Que se líe a fuerza de protestas en occidente. Y que los habituales “turistas” en estas algaradas, puedan romper escaparates y llevarse algo gratis.
La operación de blanqueo ha dado resultado.
Al grito de ¡genocidio! Han conseguido borrar en la mente de muchos, los atroces vídeos que difundió Hamas. Como si el 7 O no hubiera ocurrido “jamás”.
Tal como dijo Barbie Gaza, en declaraciones en directo, en un programa de televisión. “A las mujeres secuestradas se las trató bien y no se violó a nadie…” ¡Ah no! espera, solo se violaba a las guapas, las feas quedaban excluidas de la fiesta.
No contenta con estas abyectas declaraciones, impropias de alguien con alguna neurona extra para no ir meándose en el suelo, nos lanza el vídeo de “las chocolatinas”. Y cuando ya crees que su estulticia -o maldad- son insuperables, graba otro vídeo en plan “la bruja de Blair” despidiéndose de sus hijos.
Esto es y ha sido, un espectáculo lamentable, ridículo y peligroso. La “flotilla” es una de tantas operaciones de encargo que se financian, por supuesto, con nuestro dinero, y a saber si con el dinero de alguien más.
El objetivo cumplido. Nada hay que le guste más a un tonto, que una bandera y una causa ajena que defender, sin arriesgar ni un pelo de la cabeza. Es una diversión muy extendida. Gratis y sin consecuencias.
Solo espero que Israel no se lo ponga tan fácil y al menos, los responsabilice de algún modo. Lo peor que han hecho estos mermados intelectuales, es avivar el antisemitismo que ya sabemos dónde lleva. No faltan y lo peor, cada vez abundan más, aquellos que ven la mano “del judío” hasta debajo de la cama. Es el chivo expiatorio de todo aquel que sintiéndose desamparado – o simplemente demasiado cobarde – busca culpables inalcanzables que le eximan de la responsabilidad de enfrentarse a los culpables de verdad.






