Juan Carlos Martínez Jiménez: Un cambio inevitable
Cierra la peletería Ubeda en Valencia, 80 años de dedicación al mundo de las prendas de piel, y posiblemente sea de los últimos negocios dedicados a este segmento en la ciudad. Por esta tienda, como otras que existieron, pasaba lo más granado de la sociedad valenciana, la piel como referencia suntuaria, unas prendas que representaban el estatus y no estaban al alcance de todos.
De resultar casi imposible poder comprar una prenda de piel, y cuando hablamos de piel, hablamos de prendas de pelo especialmente, hasta el boom entre los años 80 y 90 donde se estandariza su uso, para pasar posteriormente a su estigmatización y casi desaparición. Un negocio artesanal, con gran trabajo manual, y una preparación inicial de las pieles muy importante, laboriosa, antes de poder pasar al proceso de confección.
Un buen abrigo de piel es el resultado de infinidad de lomos de estos animales, unidos uno a uno, hasta llegar al resultado final.
Con esa gran demanda prosperaron grandes granjas para la cría de todo tipo de animales, en Estados Unidos, Canadá, en Europa, especialmente en los países nórdicos, también en Rusia, y países como Grecia se especializaron en los llamados “Tilikis”, prendas realizadas con los trozos sobrantes de las prendas y mucho más económicas. Cierto que el uso de la piel no era el mismo, ni tan siquiera el sentido de su utilidad, en estos países debido al frío intenso son prendas prácticas, prendas para abrigarse; lo de España es otra cosa, demostración de poderío económico en la mayoría de los casos, ni más, ni menos; somos un gran país, con muchas virtudes, pero no hemos desterrado eclipsar a los demás, o no quedar por debajo para mostrar un éxito que sea imposible de ignorar. Estas prendas se conservan en cámaras frigoríficas creadas para ese uso evitando que se seque la piel, especialmente en las estaciones veraniegas, y he conocido clientas que conservaban hasta una docena de prendas en la época de calor.
En sus buenos tiempos, las peleterías vendían visones por un millón de pesetas (6.000€) , o más, como dice el dicho popular, “de las de antes”.
Las prendas de zorro, sobre unas seiscientas mil, la marmota entre doscientas mil a cuatrocientas mil, la nutría lo más barato, aparte del conejo, que se utilizaba poco, o para realizar combinaciones con cuero. Consideradas prendas de lujo, no se puede olvidar una de las prendas estrellas de la época, prenda de culto de abuelas y madres, el astracán, piel de cordero de la raza Karakul, fundamentalmente asiático, o el cotizado Swakara con menos peso, donde su nombre abrevia su origen, South West African Karakuls. Pero para piel de cordero, el español, considerado de los mejores del mundo.
Hay que tener en cuenta el origen, y el tipo de piel para que su valor se encarezca, en el norte de España, especialmente en Galicia, con la gran demanda aparecieron granjas de visones americanos, se estima que quedarán de 20 a 30 en funcionamiento, con un gran problema, esta variedad de visiones es de una gran voracidad, y se produjeron algunas fugas en las granjas con un resultado bastante caótico, además, con la preocupación por la transmisión de algunas enfermedades, en este momento, está previsto su cierre en 2.030.
Con el boom del pelo, la cosa cambia, se estandariza su uso, y pierde ese toque diferenciador, el lujo, lo que es para unos pocos, la exclusividad.
Las granjas se emplean a fondo en la producción, y en los talleres se empiezan a estirar los lomos, menos lomos más barato; en el visón, los machos también son más baratos que las hembras, pesan más, en un abrigo es un detalle a tener en cuenta, y el mercado de la piel se comienza a convertir en la venta de utilitarios, cuestan un dinero, pero están a tiro de economías medias, y para eso se inventaron los ventas a plazos. Un visón se llega a vender sobre unas doscientas cincuenta mil pesetas (1.500€), una caída de precio impresionante, similar a lo ocurrido con el resto de pieles, y la venta diaria de estos artículos se dispara a niveles nunca vistos, con prendas para uso prácticamente ocasional. Esta es la gran paradoja, ni tan siquiera es una prenda para diario en nuestro país, es para “ocasiones”, para impresionar a extraños, amigos y familiares.
Y como todo movimiento social llegó la ruptura, y en este caso los grupos ecologistas fueron el detonante hacía una concienciación sobre el uso ostentoso de las pieles como simple adorno; esto llevó a fabricantes y grandes diseñadores a restringir su uso, Armani, Gucci, Prada, o el grupo Inditex, prohibiendo en distintos países la cría de animales para su uso en prendas de peletería. También importantes pasarelas como la de New York, o Londres han prohibido la exhibición de pieles en sus desfiles, un gran número de iniciativas que ha mermado, en otra hora, el gran mercado de la piel, con una reducción estimada de un 85% respecto a su uso de otras épocas.
Celebro este cambio, sin extremismos, puede haber pocas cosas más hermosas en este mundo que un animal, y los utilizados en el mundo de la peletería, de los más hermosos, por eso, esa extraña atracción de los humanos hacía sus pieles, pero mejor disfrutamos de su esplendor en animales vivos, y dejamos nuestra vanidad para otros usos; no puedo criticar que magníficos profesionales se dedicaran a este negocio, como ha ocurrido con otras actividades, simplemente el mundo avanza, cambia, con un nuevo concepto ético y de concienciación social.









