¿Alguien va a asumir responsabilidades y dimitir? ¡Ni hablar de eso! Esto es España.
Esto es lo que jamás ocurrirá en España mientras la sociedad civil no tome cartas en el asunto. En este país sufrimos a la peor “castuza” política de Europa. No sirven ni para estar escondidos, muy al contrario, en vez de ser listos y cubrir su incompetencia manteniendo un perfil bajo, nos dan la murga en redes sociales y medios todos los días.
Lo que ocurrió ayer, ese terrible accidente ferroviario, por desgracia era algo que tenía que ocurrir.
Desde el pasado verano los maquinistas avisaban de problemas con la alta velocidad y con las infraestructuras. ¿Porqué? Pues no lo sabemos. Lo que sabemos es que dinero para infraestructuras y alta velocidad para paises extranjeros sí que hay. Ronda los 1700 millones entre un pito y una flauta. Los beneficiados, Morocco (cómo no) Egipto y alguno más.
- Que el dinero se vaya por el sumidero, en vez de emplearse en lo necesario, solo puede tener una razón y no es la incompetencia.
Podría ser que esos millones que se supone van a mejorar o construir red ferroviaria en esos paises tengan algún “desvío”. No se explica de otra forma. La cosa podría ser algo así como, “mira, del dinero de los españoles yo le doy a tu país esta cantidad. Tú de esa cantidad, me das un tanto por ciento y lo ingresas en este número de cuenta en Suiza”. ¿A que así está más claro? No es tan descabellado como parece. Pero no sería la única razón.
- La principal razón es la absoluta impunidad de cualquier responsable.
Lo estamos viendo desde hace años. Aquí nadie asume ninguna responsabilidad. En vez de eso, en este país, montan un espectáculo bochornoso con comisiones de investigación inútiles, tertulianos apesebrados y medios comprados. Te cuentan un cuento, te lían con fulanito o menganito, te sueltan una consigna y a tomar “Ventorro” todo.
Durante y tras la riada, no se envió ayuda. Pasaron cinco angustiosos días y aquí no había ni ejército, ni UME ni humo, ni policía. ¿Responsables? ¿dimisiones? Nada de nada.
Les da igual, las instituciones están podridas. El congreso es un nido de parásitos que solo están con sus cálculos electorales y el reparto de sueldos y poltronas. La mayoría de los medios de comunicación son panfletos propagandísticos regados con nuestro dinero, y la justicia es lenta en el mejor de los casos y ciega y sorda en el peor.
Tampoco se ve la luz al final del túnel, porque por más que el Estado de muestras de senectud y corrupción, existe un número nada desdeñable de creyentes acomodados en su desgracia, que creen que este sistema es el mejor posible.
Pero este sistema tiene grandes defectos, y son esos grandes defectos los que propician que los españoles suframos este tipo de catástrofes y estas desgracias.
Es un sistema en el que cualquiera puede llegar a un puesto de poder o al poder a secas. Eso no es democracia, eso es ingenuidad. Eso es lo que propicia que los ministerios estén encabezados por indocumentados, sectarios o maníacos.
Un Estado se parece mucho a una empresa y en una empresa, a sabiendas, jamás se coloca a la cabeza tomando decisiones a un incompetente. Jamás.
Pero en un Estado como el nuestro, cualquier indocumentado del partido político ganador en unas elecciones, metido en una lista cerrada por el líder, puede ser responsable de cualquier área. La tragedia está servida.
En un Estado como el nuestro se pueden colocar a dedo a los responsables de fuerzas armadas y policía. En un Estado como el nuestro, con políticos aforados, nadie puede ser juzgado realmente ni a tiempo. Debemos asumir que España es un país donde nunca hay responsables de nada. Dónde el jefe del Estado y jefe supremo de las fuerzas armadas no puede enviar el ejército a socorrer a su pueblo.
- Donde un presidente del gobierno decide arbitrariamente si envía ayuda o no, tras una catástrofe
Donde el congreso de los diputados está pendiente de una votación para controlar una televisión, mientras los muertos se cuentan por cientos. Somos un país donde un vocero cualquiera puede politizar las muertes de compatriotas sin consecuencias. Somos un país con una base de votantes que lejos de exigir limpieza y responsabilidades, solo está pendiente de que “su equipo” gane.
Mientras no cambiemos, el Estado no cambiará. Seguirá siendo ese obeso mórbido, cada día más inútil y plagado de parásitos.
Tras esta desgracia, en la que se sabe por ahora que hay treinta y nueve fallecidos, nada va a cambiar si no lo propiciamos nosotros. La comisión de investigación será como las demás, “más inútil que los codos de la muñeca Nancy”. Pasarán no ya semanas, solo unos días y una nueva cortina de humo nos tendrá entretenidos. Nadie asumirá ninguna responsabilidad porque nadie se lo va a exigir. Tendremos nuestra dosis de circo parlamentario con las pullas habituales, tan inútiles como insultantes y arreglado. A otra cosa, que las elecciones son dentro de año y medio.















