Úrsula nos pide a todos los miembros de la UE, que apechuguemos con el 1,5% del PIB de cada país, para comprar armas. Yo me imagino esto y solo me viene a la mente el inigualable Gila.
Me imagino a Úrsula frotándose las manos sin dejar de maquinar cómo acabar con Europa de una vez. Se les está retrasando el asunto.
Arruinar la industria y el sector primario lleva su tiempo, y el 2030 está a la vuelta de la esquina.
Llevarnos al tercer mundo introduciendo inmigrantes ilegales no va al ritmo deseado y ya surgen voces de protesta. El “coco” del cambio climático cada vez cuela menos, y eso de que el patinete y el coche eléctrico salvarán el planeta ya no se lo cree casi nadie. Los tapones blindados en las botellas de plástico tampoco convencen, y los millones de contenedores de colorines, empiezan a ser cuestionados hasta por las ovejitas más obedientes.
Úrsula se estaba quedando sin ideas, cuando, imagino, que los grandes fabricantes de armas llamaron a su puerta.
¿Por qué no? el caso es comprar armas, usarlas o no ya es otra cuestión. No me imagino yo (ni Úrsula tampoco) a los europeos batiéndose el cobre con Putin y la madre Rusia. Primero enviarían a los bravos ejércitos europeos, esos que solo han cumplido órdenes del imperio durante más de siete décadas. El mismo imperio que si entramos en guerra, se dará la vuelta y pasará de nosotros como en la segunda guerra mundial, apuntándose al postre, y atribuyéndose después la victoria si la hubiera.
Imaginando mucho, pongamos que de verdad entramos en guerra y cuando esos ejércitos se vayan “desplumando”, nos imponen eso del alistamiento, primero voluntario y después obligatorio. Los pocos europeos jóvenes serían diezmados y solo nos quedarían los jóvenes de “importación”. Un futuro muy negro.
Pero lo verdaderamente interesante es lo que ocurriría en España si la UE decide que vayamos a la guerra.
Me imagino a Margarita armada hasta los dientes, arengando con voz de gallina a las tropas. Luciendo una talla XS de casco y chaleco, con aspecto de tortuga ninja. Dando las órdenes imprescindibles, porque sin órdenes, el ejército no se mueve.
Me imagino a don Arturo volviendo a vestir el chaleco multi bolsillos y rememorando los días de su juventud, mientras nos narra lo chunga que es la guerra desde su velero, con frases magistrales muy aplaudidas en su conexión con “El hormiguero”.
Ya estoy viendo a Rufián vacilando en el congreso, pero sin uniforme.
Me imagino a Pedro diciéndonos una y otra vez, que ir a la guerra es muy pacífico, y que es una obligación moral para mantener la paz mundial. Ojo, y esto no es idea suya, ¿les suena eso de tropas de paz? ¿misiones de paz? ¿misiones humanitarias? Pues eso, un poco más de demagogia y neolenguaje. Me imagino las aglomeraciones en los despachos del congreso, de honrados ciudadanos con nuevas empresas dispuestas a comprar el material necesario.
Me imagino a esos reclutas escuchando reguetón y mirando el móvil en pleno ataque.
Grabando imágenes y compartiéndolas en Instagram. Lo que no me puedo imaginar es con que excusa o propaganda, iban a convencer a un catalán de la CUP para que fuera a la guerra por España. Ni cómo convencerían a los cachorrillos de Bildu de emplear las tradicionales habilidades del grupo, para defender el territorio nacional. Tampoco me imagino a todos esos jóvenes del norte de África recién nacionalizados, engordando las filas del ejército español. Más bien me los imagino como en el viernes negro.
Tampoco me imagino a esos estudiantes de más de treinta años de la Complutense, tan amigos de los escraches a los “fascistas” acudiendo a alistarse con sus pasamontañas
. No veo muy claro si se celebraría el 8M. Me imagino que todas esas mujeres empoderadas estarían en el frente con sus cascos violetas. Puede que esas mujeres, que lo son porque así se sienten, se apuntarían como enfermeras, porque resulta más (tradicionalmente) femenino, que ir al frente metralleta en mano.
Tampoco veo muy claro qué harían los ecologistas. Supongo que darle ideas a Úrsula de cómo hacer que la guerra fuera ecológica y sostenible.
Tanques eléctricos que se quedarían sin batería a mitad de camino. Cambiarían fusiles y metralletas por tirachinas, y Bombas de estiércol que además fertilizan. Y por descontado, latas de gusanos y briks de leche de cucarachas como alimento para la tropa. Pero no tengo yo muy claro que estos comprometidos luchadores por el planeta se apuntaran a la guerra. Total, el planeta no tiene fronteras y ellos son ciudadanos del mundo. Aunque no tienen en cuenta que, si el enemigo venciera, les otorgaría una nacionalidad, les gustase o no.
Me imagino, que, si existiera riesgo de ataques bacteriológicos, pondrían al frente a Fernando Simón.
Que nos aseguraría que no sufriríamos más de uno o dos ataques, pero, que podríamos prevenirlos, si en los pasos de cebra permanecemos a la pata coja antes de cruzar. O con mascarillas estampadas con lunares, que se sabe que pone de los nervios a cualquier microbio.
Si entráramos en guerra, con esta “tropa” la derrota no sería una posibilidad, más bien sería una certeza.












