No se preocupen, todo va bien. La criminalidad ha descendido…
Y ha descendido porque cuentan todos los delitos como si fueran iguales. Lo mismo es un hurto de galletas en un supermercado, que violar en manada una niña y dejarla medio muerta. Y así es como se llega a la conclusión de que la criminalidad no aumenta. Esto no es nada nuevo, en una comparecencia en el senado, Samuel Vázquez ya lo explicó muy bien hace unos años.
Pero no hace falta consultar los datos al dedillo. Basta con salir a la calle. Basta con hablar con la gente, basta con echar un vistazo alrededor. Solo hay que ver los periódicos, todos los días hay un suceso o varios.
La criminalidad va en aumento y no deja de crecer. Esto tiene una explicación muy clara. Se consiente.
Leyes en el mejor de los casos “laxas” cuando no, aberrantes. Policías atados de pies y manos, sin autoridad y sin medios. Policías con sindicatos que reivindican la igualdad salarial y que se les considere una profesión de riesgo. Policías que ven cómo los criminales entran por una puerta y salen por otra. Y no solo ladrones, carteristas o rateros, no. Violadores, agresores eh incluso asesinos. Recuerden al asesino del señor de Gata de Gorgos al que mataron a palos con un bate de beisbol. Al mes siguiente ya estaba en la calle. Matar a un español te puede salir por tres mil euros, que es lo que pagó de fianza.
Lo mismo con la okupación.
Si se meten en tu casa, además de no recuperarla debes pagar los suministros, porque así es la ley y si tú, español, te la saltas, caerá sobre ti con toda su dureza.
El tipo de veintitrés años que se hacía pasar por menor y violó a una niña en Hortaleza, está tan campante en un centro de menores. Ese indeseable, que jamás debió entrar en España, ya había sido detenido ocho veces. Con ocho detenciones no se es, precisamente, “un chico travieso”.
En España estamos “muy abiertos”, tanto, que las fronteras no es que estén abiertas de par en par, es que, además, la misma armada se trae las pateras, donde puede venir cualquiera. No lo digo yo, lo dijo el mismo jefe de la armada. Y si no se comprueban ni los C.V. de los cargos públicos, mucho menos se comprueban identidades y antecedentes. Con lo cual, aquí pueden entrar sin restricciones de ningún tipo criminales de todo el planeta. Y por si esto no fuera ya una aberración, además, cuentan con impunidad y esa impunidad es exhibida impúdicamente, creando el efecto llamada.
La comparación quizá pueda parecer exagerada para algunos, pero es algo así como abrir de par en par las puertas de un corral repleto de dócil ganado a, lobos, tigres y panteras, con la única defensa de un chihuahua y con las cámaras de vigilancia rotas.
Y a usted, español contribuyente ¡ni se le ocurra defenderse!
Porque en ese momento, el Chihuahua se transformará en un pitbull que no le soltará el tobillo hasta que le haya amputado el pie. En ese momento las puertas se cerrarán para usted. En ese momento, la “justicia” pasará sobre usted como una apisonadora. Así que lo que este Estado transmite a sus ciudadanos es: no se defienda, déjese hacer y con suerte saldrá vivo.
Ni se le ocurra hablar de las causas de ese aumento de la delincuencia, porque eso es “delito de odio”, mucho más perseguido que cualquier otro delito, como por ejemplo violar a una niña o matar a palos a un señor. Podría pensarse que no se legisla para garantizar la seguridad de los españoles, que se legisla y se actúa para garantizar la delincuencia.
Se pone mucho celo en condenar el uso no autorizado de una tarjeta de crédito para comprar pañales, mientras en el parque de enfrente están pasando droga.
Se persigue al autónomo y las inspecciones de trabajo se endurecen para las empresas españolas, mientas, nadie parece preguntarse cómo alguien recién llegado a España, ha podido montar en una zona dónde los alquileres están por las nubes, quince tiendas de telefonía móvil de “segunda mano”. O un “badulaque” en un bajo, con un alquiler de seis mil euros mensuales. Se ve que la venta de snacks y refrescos es más rentable que una óptica. Tampoco parece llamar la atención de ningún inspector de trabajo, esas fruterías repletas de género en mal estado, que tienen cada dos o tres días un dependiente nuevo. Cualquiera podría pensar que más que manzanas, lo que venden son “papeles”.
¿Cómo hemos llegado a esto?
Pues no es nada reciente, esto solo es la consecuencia de una dejadez por parte de todos y de la sensación de falsa seguridad con la que llevamos décadas conviviendo. Esta es la consecuencia de haber asumido el “buenismo” estúpido, que lejos de hacernos mejores, lo único que nos hace es ser completamente idiotas. Es la consecuencia de la progresiva inversión de valores con la que nos llevan bombardeando casi medio siglo.
Para que se acepte comer gusanos a Bambi le damos voz y lo humanizamos. Para que se acepte que un adulto tenga relaciones con un menor, lo convierten en un “derecho” y encima, un derecho del menor. Y así con todo.
Hay que poner en cuarentena y coger con pinzas, cada idea que se nos presente “por nuestro bien”, “por el bien común” y las más peligrosas, “por humanidad”.
Cambiemos este tipo de conceptos por dos mucho más simples. Conveniente e inconveniente. Así podremos ajustarnos a la realidad.
Muchas de las actuales leyes no nos convienen en absoluto. La apertura de fronteras no nos conviene en absoluto. La reinserción es un cuento chino, y no nos conviene en absoluto. No es “humanidad”, es estupidez. Urge endurecer las leyes y dar medios a la policía y a la justicia, para que puedan hacer su trabajo con eficacia. El próximo gobierno si sabe lo que nos conviene, tendrá que hacer horas extra para derogar leyes infames y legislar como es debido.
Señores responsables de “las cifras” en el Ministerio de Interior; el maquillaje disimula la fealdad, pero solo temporalmente.











