Todos los días nos proporcionan diversión.
Tik Tok y todo tipo de estupideces grabadas. Desde dos bobas mirando al mar (dónde nadie puede verlas ni oírlas) gritando “fri fri Palestine” a los vídeos de Ada Colau que parece estar transicionando a varón, y nos cuenta lo apretados que van en esos catamaranes, y que solo pueden ducharse con agua de mar, que me imagino que no será un problema, dado el tipo de gente que ha embarcado.
Greta, que se mosqueó y se cambió de barco. También dejo el comité, supongo que ella está más acostumbrada al ceño fruncido y a regañar a los malvados occidentales. Últimamente como lo del cambio climático está pasando de moda y ya no cuela, su activismo de caviar ha cambiado de causa. Hay que estirar el chicle.
No todos los días se encuentra una con una profesión que le permite facturar por protestar. Hay que reconocer que la chica tiene su mérito.
También hemos conocido al señor Palestino que parece ser el jefe del comando. Un señor que ya nos ha dejado claro, que eso de que se embarquen gentes LGTBI+ no le parece nada bien. “Es una línea roja” que no van a cruzar. Si estuviera en el lugar de Jimena González me pensaría muy bien lo de subir a uno de esos barcos. Puede que sea un viaje sin retorno. De hecho, el coctel que compone esa flotilla de vacaciones activistas es un auténtico polvorín.
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Tenemos por un lado al capo palestino, a Greta que ya está cabreada, a Ada Colau que no es el lápiz más afilado del estuche y a Barbie Gaza.
Esto se pone interesante. Como es evidente que no quieren llegar a Gaza, se van demorando y van parando por todas las playas y lugares turísticos de la costa mediterránea. Las excusas son de lo más variopinto. Queremos parar en Baleares. “Nada, tira una bengala a ver si podemos decir que Netanyahu nos ha lanzado un dron para atacarnos…”
Quiero estar unos días más. “Mas bengalas”.
Qué bonito es Túnez. “Bueno pues paramos y santas pascuas”. Estamos llegando a Grecia. ¡Siempre quise ir a Miconos!. “Pues podemos decir que uno de los barcos está averiado y así nos pasamos unos días por estas tierras y sobre todo en estas playas.”
Entonces quizá ustedes piensen que Greta, comprometida activista, intentará poner orden. ¡Ni pensarlo! Todavía queda mucho trecho y diversión a bordo.
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Si hay alguien que pueda devolver a esta panda a la realidad, sin duda va a ser el capo palestino.
Me estoy imaginando a ese señor intentando rezar con el culo en pompa, con toda esta gente haciendo bailecitos. Me imagino a este señor buscando la dirección a La Meca, y a Barbie Gaza desplegando ante el atónito capo un mapa. Se ve que es una chica muy solícita y solidaria. Eso se ve y se comprueba en todos y cada uno de sus Tik Tok. Si yo fuera Netanyahu, y quisiera desprestigiar esa causa de juguete que es la Global Sumun Flotilla, sin duda le haría el encargo a esta mujer. Está haciendo más por Israel que Eurovisión.
Y ahora vienen las apuestas. Yo creo que no llegan a Gaza ni de coña.
Si se pierde el tiempo, y lo digo en el sentido literal, en ver los vídeos que se graba el personal de abordo, se puede comprobar que, con esas pintas y esas caras, no van a desembarcar. Puede que, si los israelís en un ataque de conmiseración, los retienen, les salven la vida a muchos de ellos.
Son un atajo de pijos que han encontrado cómo pegarse un crucero por el mediterráneo de gorra.
Es curioso cómo el modelo de pijo ha cambiado con el tiempo. Para muchos es ese tipo con raya en medio y media melena vuelta hacia arriba como los cuernos de un búfalo, con un polo rosa y un suéter a la espalda. O el señorito español, con pelo engominado y bigotillo recto. Pero eso está obsoleto. Ahora los pijos son gente que es de izquierdas y reivindican que el servicio sean personas “de color”.
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Que su criada sea de Senegal es para ellos un logro. Eso es solidaridad y anti racismo del bueno.
Estos pijos “perroaflautados” ven el mundo a través de un cristal rosa. Creen que el resto del mundo es como ellos lo imaginan en sus cabecitas. No tienen ni idea de nada, pero no dudan en dar lecciones de moral a quien no se las pide.
En su cabeza, la solidaridad no tiene por qué ser aburrida. Lo de menos es llegar, lo que cuenta es la intención, el detalle












