Cuando se votó, muchos querían que se revirtiera el caos circulatorio que originó Grezzi, pero lejos de eso, se ha continuado con su satánica obra.
Es horrible circular por Valencia. Atascos, lentitud e infinidad de obstáculos, gente en bici fuera de sus carriles y gente en patinete por todas partes. Calles y avenidas obstruidas por carriles bus y carriles bici.
El sistema circulatorio de Valencia padece de un “eco colesterol” que más pronto que tarde, hará que la ciudad sufra un infarto. Y para rematar, un último ataque a la ciudadanía que paga impuestos y trabaja. Un misil a la línea de flotación (uno más) de la economía valenciana. Ahora nos salen con la estupidez de las zonas de bajas emisiones.
- No vaya usted a pensar que están pensando en su salud o en su bienestar, ¡ni mucho menos! Solo están pensando en recaudar y atarnos en corto.
Nos quieren estabulados, recogiditos en nuestro corral y bien controlados. Nos quieren pobres y dependientes. Quieren que el pobre descienda a miserable y empobrecer a la clase media.
En Valencia no nos dejan trabajar. Las entradas y salidas y lo que rodea la ciudad siempre ha sido un embudo con puntos negros por todas partes. A ningún gobierno le ha interesado lo más mínimo arreglar esto. Casi parece que su intención (rojos, azules y naranjas) es la de frenar el crecimiento de Valencia a toda costa.
Las zonas de bajas emisiones son una tomadura de pelo.
La calidad del aire les importa tanto como la precariedad de la vivienda o la delincuencia disparada en nuestra ciudad. ¡Les importa un bledo! Lo único que les importa es aplicar esas normas absurdas procedentes de Bruselas porque debe tener premio. Para el que aposente sus posaderas en el ayuntamiento claro, para nosotros no.
La trampa es que, en vez de restringirte de sopetón circular por la ciudad, lo van haciendo poco a poco. Vamos, lo que viene siendo una ventana de overton “de manual”. De este modo, la gente lo deja pasar y poco a poco te van cercando hasta tenerte inmovilizado.
Primero un 8% de los vehículos, pero luego serán muchos más y esa imposición suave se irá endureciendo, hasta que dentro de tres años no se pueda prácticamente circular por la ciudad. Después estas normas se exportarán a los pueblos del cinturón y así suma y sigue, hasta que nuestra vida quede atrapada en dos kilómetros a la redonda. Progreso lo llaman. No descarto que los desplazamientos en una tartana vuelvan como una moda vintage, si a los del bienestar animal les parece bien, si no es así, ya podemos entrenar.
- Esta imposición de zona de bajas emisiones entra con; “una aplicación blanda hasta 2028 para no perjudicar los intereses económicos y sociales de los vecinos.”
¡Pero ojo!. Hasta 2028, a partir de ahí, los intereses económicos y sociales de los vecinos importan un carajo. Traducido; tenemos dos años para hacernos a la idea, después, da igual si gobiernan rojos, naranjas o azules, no se podrá entrar con un coche en la ciudad. Eso sí, en un acto de infinita bondad y para que los que tienen menos recursos no salgan perjudicados, han tenido a bien dar limosna. “Tendrán un título para viajar “gratis” (como si no pagaran impuestos) en la EMT todo el año. Fascinante.
Queda claro que la política de gresca y reproches a la que nos tienen acostumbrados no es más que un teatrillo cutre. Están de acuerdo en casi todo lo fundamental.
- Da lo mismo Bernabé que Catalá. Da lo mismo Grezzi que Carbonell.
Si Bruselas ha decidido que Valencia se convierta en un arrabal junto a un puerto, ya se encargarán estos políticos lacayos de llevarlo a cabo. Mientras, nos contarán chorradas sobre la salud, el medio ambiente y el Sursum corda.
Poner ocho contenedores de basura solo responde a una estrategia, y es la de reducir las zonas donde aparcar y así obligar al usuario de un vehículo a estacionar mal. Solo es una medida recaudatoria.
Apagar la iluminación de las entradas y salidas de la ciudad no es por ecologismo, es para gastar el dinero ahorrado, – en algo tan fundamental – en alguna estupidez como podría ser la “asociación de amantes de los chihuahua de la ribera” o “jornades de teatre en solidaritat AMB el poble angolés”.
Sustituir farolas que iluminaban, por esos mecheros de apariencia decimonónica con los que han sembrado Valencia, no tiene más intención que la de dejarnos a oscuras. Y al igual que harán con las zonas de bajas emisiones (que bien podrían llamarse zonas de bajas inversiones) estas farolas con menos luz que una narco lancha, se han ido extendiendo por los pueblos de alrededor.
- Esto nos puede dar una idea bastante clara de lo que ocurrirá con esas zonas de bajas emisiones.
Como todo, empieza en Valencia y después se va extendiendo. Como todo, da igual qué partido gobierne. La única solución es ir a los ayuntamientos y dejarles claro que no vamos a tragar, y que “quién paga manda”, y esos, los que pagamos, ¡somos nosotros!.












