La semana anterior comentaba sobre el comercio desleal de empresas no comunitarias. Con la tinta sin secar, esta semana aparecen numerosos artículos sobre los problemas que está empezando a acumular esta importante empresa de confección china con sede en Singapur, Shein. Al final de mi opinión, hablaba sobre los aranceles que Estados Unidos está aplicando ya a Temu, otro gigante de la distribución, siendo la empresa china con más descargas el año anterior en ese país.
Cuando hablo de comercio desleal y centrando el asunto, hablamos del impacto medioambiental, propiedad intelectual y problemas con las leyes laborales.
Cuando se descubrió que en países subdesarrollados se podía confeccionar barato, algunos avispados lo aprovecharon (y no entraré en la calificación moral de esta práctica; alguno de estos empresarios, si son creyentes, no van a ir al cielo). Se descubrió que había personas que vivían hacinadas y que, prácticamente, su pago era un “plato de arroz” por una jornada de trabajo; luego se calificaba a estas empresas de avanzadas e innovadoras.
Las sociedades civilizadas están encantadas comprando ropa por dos duros, y además se implantó la ilusión de que eran prendas que sustituyen por su diseño a las buenas firmas.
Con toda la matraca medioambiental, no parece que nadie se plantee ni de dónde narices vienen esas prendas baratas, ni la pregunta del millón: ¿por qué son tan baratas? No he visto a ningún político planteando esta pregunta, y menos a los llamados progresistas, que abanderan estos postulados; la hipocresía política de este país es de traca.
Algunas personas con repercusión social comentaban, sin reparo, que mezclando prendas caras y baratas el resultado es estupendo; es más, en el colmo de la desfachatez, que se podía competir con prendas muy elaboradas y que lucen fenomenal. Me viene a la cabeza el magistral título de la novela de Milan Kundera: La insoportable levedad del ser. Parece mentira que, en pleno siglo XXI, nos dejemos manejar así, sin ser un poco más reflexivos y exigentes.
Esto sucede cuando las sociedades van degenerando, no aprecian el valor del trabajo y se difunde con una rapidez inusitada que todo vale si consigo tu atención y tu like.
Cualquier persona que compra una prenda bien confeccionada, sabe lo que significa: durabilidad, calidad y presencia. ¿Esto quiere decir que no hay que realizar prendas más baratas? ¡Pues no! ¡Dios me libre!, no todo el mundo puede comprar prendas más caras, pero es engañoso vender lo que no es y, sobre todo, manipulando el mercado.
Shein ofrece una variedad de modelos apabullantes, con precios baratos, pero parece ser que a nadie le surge preguntarse: ¿y cómo lo hacen? Están ofreciendo nuevas colecciones cada tres días; Zara, haciéndolo rápido, tarda tres semanas.
Greenpeace ha elaborado un informe sobre esta empresa, “Los trapos sucios de Shein”, y afirma que un 15 % contenían sustancias químicas peligrosas y un 32 % concentran niveles legales, pero preocupantes. La BBC publicaba que realizan jornadas laborales de 8 a 22 horas con un día de descanso al mes, y a todo esto añadimos denuncias por plagio.
A lo mejor empezamos a entender por qué sus productos son más baratos y miramos la etiqueta con otros ojos; también sería interesante dejar la progresía de salón, queda bien, y denunciar e investigar seriamente por qué estos productos inundan nuestros mercados, cuando a nuestros productos se les solicitan un sinfín de condicionantes legales para poder comercializarlos. Por supuesto esta actividad comercial afecta a las empresas europeas y nacionales, pero esto, hasta ahora, no parecía importante.
La Unión Europea ha dado treinta días a esta empresa para corregir todas las deficiencias encontradas, y se habla de fuertes sanciones si esto no ocurre.
Shein, en este caso, es la punta del iceberg: existen muchas empresas que utilizan estos sistemas de confección y todos las conocemos; solo hay que darse una vuelta por cualquier centro comercial. Recuerdo un bar de carretera camino de Albacete, donde un amigo nos llevó a comer; la especialidad era “carne al montón”: una fuente inacabable para buenos comedores y a buen precio, éramos jóvenes y no sabría calificar la calidad. Cuando paso por estas tiendas solo cambio una palabra: “ropa al montón”. No puedo evitarlo.












