En un país en el que tradicionalmente el trabajo de los funcionarios no ha sido valorado, venimos observando cómo en los últimos tiempos los españoles reconocen la importante labor de algunos trabajadores públicos.

Todavía recordamos los vítores a los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en los días más duros del conflicto catalán. Alabamos las misiones humanitarias de los militares en el extranjero y aplaudimos cuando la UME actúa, por ejemplo, en catástrofes o incendios. A ellos se han sumado los sanitarios, primera línea en la batalla contra elCOVID-19 y uno de los principales afectados por el virus.

La sociedad reconoce a todos ellos como servicios esenciales. Su situación y reivindicaciones ocupan horas de máxima audiencia en los medios de comunicación y nos solidarizamos cuando denuncian la falta de medios para realizar su importante trabajo.

Imagen de la Prisión de Foncalent en Alicante.

Tu Abandono Me Puede Matar denuncia que los trabajadores penitenciarios realizan igualmente servicios esenciales sin reconocimiento

La asociación profesional Tu Abandono Me Puede Matar se suma a esta corriente de aplausos y agradecimientos. Pero también denuncia que los trabajadores penitenciarios realizan igualmente servicios esenciales para nuestra sociedad sin ningún tipo de reconocimiento.

En los días más duros del estado de alarma, carentes de las más elementales medidas de protección, seguimos llevando a cabo nuestras tareas de custodia y cumpliendo con el mandato constitucional de reeducación y reinserción de las personas privadas de libertad. El principal problema que afrontan los empleados de las prisiones españolas es el oscurantismo. Fomentado por una administración penitenciaria y un Ministerio del Interior que son los primeros en no reconocer la profesionalidad con la que, pese a la falta de medios y deformación, los empleados penitenciarios sacan adelante su trabajo. Los mandos de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias no emplean ningún recurso para cambiar la mala imagen histórica que se tiene del “carcelero”.

La dificultad para hacerse oír de los funcionarios penitenciarios

Encerrados también detrás de unos muros, con escasa capacidad para mostrar imágenes y testimonios que avalen nuestra aportación a una sociedad que exige pruebas visuales, por el peligro a ser sancionados disciplinariamente. Desde TAMPM buscamos revertir esta imagen antigua y dignificar al colectivo. Suplimos la dejadez de funciones del Secretario General y del Ministro del Interior a la hora de reivindicarnos ante los medios de comunicación y todas las fuerzas políticas. La tarea de poner en valor la esencialidad de nuestras funciones busca la protección ante posibles recortes y políticas de gestión de personal ineficaces.

La sociedad debe valorar la importancia de las funciones de los empleados penitenciarios, conocer su trabajo, sus reivindicaciones y sus problemas de seguridad. Así no permitirá la irresponsabilidad de sus gobernantes.

Se necesitan autoridades que dignifiquen y den importancia al trabajo de los funcionarios de prisiones

Necesitamos que en este objetivo nuestros dirigentes tomen nota de la dignificación y la importancia que se les da a nuestros colegas en otros países europeos. En Francia se incluye a los empleados de las prisiones en una gratificación por su trabajo presencial durante los días de lapandemia. Y es que, lógicamente, nuestra exposición ha sido y será personal, directa y presencial. Nuestras funciones de custodia, reeducación y reinserción no admiten el teletrabajo. Si la administración nos incluye oficialmente como uno de los colectivos con servicio sesenciales, debe proveernos de los medios de protección adecuados. También debe colaborar para que la máxima de que “la cárcel castiga muy bien, también a sus trabajadores” deje de ser una realidad.

TU ABANDONO ME PUEDE MATAR FONTCALENT (ALICANTE)