Un AVE ha embestido a un Iryo.
Todavía a estas horas no sabemos cuántos fallecidos y heridos hay. Pero sabemos que hay fallecidos porque las propias víctimas del accidente lo están contando en redes. Pero en Tele Pedro, Silvia Inchaurrondo, uno de los personajes más oscuros y siniestros de este régimen Sanchista, solo habla de “heridos”. Así su público boomer, que está mojando las galletas en el café con leche, no se lamenta mucho.
Mientras, en algún que otro programa de televisión, algún familiar de una víctima que se encuentra en pleno siniestro, pide ayuda porque (oh sorpresa) aún no han llegado los de emergencias. ¿Casualidad? No, seguro. ¿Negligencia? Pues yo creo que en un 50%. Porque después de ver como NO se ha actuado en otras tragedias, de ver cómo se han retirado efectivos y se ha retrasado -incluso una semana- el envío de ayuda, creo que la mitad es incompetencia (nadie quiere tomar decisiones que impliquen responsabilidades) y la otra mitad, mala fe.
Me estoy imaginando al ministro Puente voceando a sus subordinados móvil en mano. Exigiendo una cabeza, la de cualquiera y si es “un cualquiera”, tanto mejor.
Me estoy imaginando a esos equipos de emergencias, esperando la “orden” de acudir a cumplir con su deber. Lo más terrible es que me estoy imaginando a las víctimas del accidente.
Lo que no me puedo imaginar es lo que pasa o no pasa, por las cabezas de la panda de incompetentes que forman el gobierno y que se extienden a todo el Estado. ¿Qué pasa por esas cabezas cuando ocurre una cosa así? ¿Qué pasa por esas cabezas cuando saben que han destruido uno de los mejores servicios ferroviarios del mundo? Lo único que pasa es esto; “control de daños”.
Porque nada más importa. El objetivo de cualquier político -sobre todo si es socialista- en España, es permanecer, escaquearse y repetir. Puente sabe que no va a repetir, por eso y a pesar de ser algo peor que un incompetente, su objetivo es exprimir su cargo hasta el último minuto. “Yo no he soldado la vía”. Ahora dirá que él no da la salida a los trenes. ¿Apostamos? Porque “el control de daños” ya ha urdido un comienzo de relato.
El fallo humano. Es un clásico de los accidentes, es lo que sale más barato a todos los niveles, bueno, sin contar al humano que falló, a ese le suele salir muy caro.
“Las primeras informaciones apuntan a un fallo humano”. Y tan tranquilos. Un controlador -que ya veremos si estaba loco o borracho o drogado- da la salida a un AVE cuando un Iryo ocupa la vía. El coche chino más barato del planeta lleva un detector de obstáculos (aviso de colisión) pero los trenes de alta velocidad, no.
Otro clásico de las próximas horas son los bailes de cifras según convenga. Como también y como ya hemos comprobado con la Inchaurrondo, habrá solo heridos o también fallecidos. La comparecencia, cuando ya tengan claro qué decir -la verdad ni está ni se la espera- será con prensa amiga y en un “ambiente controlado”. Otro clásico de los últimos años -esto es relativamente nuevo- es el retraso o el “lío” con la ayuda.
Eso de las “emergencias”. Que, en un programa de televisión, casi una hora después del accidente, alguien nos diga que un familiar le ha llamado pidiendo ayuda, es como para darle una vuelta.
Hemos pasado de beatificar algunos uniformes a preguntarnos ¿qué ha pasado? Como también nos preguntamos cómo hemos llegado aquí. Pues no hemos llegado hasta aquí de casualidad. Ha sido un largo viaje de vida contemplativa donde nos han ido arrebatando todo sin que acertáramos a protestar.
¿ Quiere un ejemplo cercano? Uno de casa. La pista de Silla y la V-30 están completamente a oscuras. Y no es de ahora, llevan así una década. Cuando llueve mucho, como hace unos días, esa iluminación se hace aún más necesaria, pero ¿Dónde está? No está ni estará porque hemos normalizado que nuestra vida les importe un rábano a todos los que ocupan las poltronas. No les hemos exigido que devuelvan la iluminación a estas vías. Nos jugamos el tipo nosotros, no ellos.
Dos accidentes ferroviarios con una diferencia de nueve meses no son una casualidad, ni mala suerte.
Son la prueba de que España está sujeta con esparadrapo. Que nos caemos a pedazos. Qué Pedro, tras de sí y eso si tenemos suerte y no nos hace alguna jugarreta el 29N, lo que va a dejar es un Estado ruinoso. Un país profundamente dividido y unas instituciones como las alcantarillas de una granja de ganado bobino.






